jueves, noviembre 10, 2005

Sobre El jardinero fiel, de Fernando Meirelles

¿Cómo explicarlo? Llevaba algunos días deseando encontrar unos minutillos, apenas los suficientes para escribir algo acerca del Doctor Zhivago (libro, novela, personaje), y ahora resulta que, mientras se demoraban, algo parecido a la casualidad ha querido que El jardinero fiel, hermosa película de Fernando Meirelles, se cruce en mi camino para aguijonearme en otro sentido al que tenía previsto con este gusanillo incurable del cine, para que me resulte ahora mucho más apremiante decir algunas cosas tomando como excusa esta demoledora historia que sé que ya estará irremediablemente unida a mi memoria en años venideros. A veces, la belleza lo hace a uno cambiar de planes. Y es maravilloso cuando eso ocurre.
Fue en Memorias de África (esa obra maestra a la que también tendré que dedicarle unas palabras más pronto que tarde) donde escuchamos a Meryl Streep (o Isak Dinesen) decir aquello de "si yo sé una canción sobre África... ¿sabe África una canción sobre mí?". El África de Fernando Meirelles no parece saber demasiado de canciones. Más aún, nadie parece saber de canciones sobre ese África. Quedan muy lejos de esta película aquellas sabanas de tiempo denso y ritmo reposado. El jardinero fiel nos muestra, entre otras cosas, la violenta hermosura de un país, de un continente, en el que hasta los pantanos han acabado por adquirir el rojo espeso de la sangre. Uno hasta se asusta de caer tan fácilmente en el truco de encontrar una belleza barroca en un escenario tan cruento. Sé que es un truco -pensaba mientras la veía- sé que todo forma parte de un plan, sé que esta sucesión de fotogramas está cuidadosamente dispuesta para dirigir mi mirada en una dirección muy concreta. Sé, además, que no puedo, ni quiero resistirme.
Aceptando la derrota de intentar parecer siempre más listo, agotado por tanto exceso de crítica y ganas de distinción, pegado simplemente a la butaca con el corazón en un puño... casi que lo más sensato a veces es dejarse seducir. En este caso por el cerebro que ha ideado todo eso, por la sensibilidad que no da concesiones al sentimentalismo. Por el viejo arte, en suma, de dejarse llevar por la eficacia de las hermosas historias bellamente narradas. No soy, ni lo pretendo, crítico de cine, así que no voy a entrar en demasiados detalles sobre la película para no convertirme tampoco en un destripador de historias a los ojos de aquellos que no la hayan visto.
Nadie se molestará, espero, si digo que son muy pocas las veces que uno experimenta en una sala de cine una sensación de anulación tan placentera, una impresión inequívoca de estar ante algo mucho más grande que uno. A mí me ocurrió con El jardinero fiel.
Por cierto, antes de entrar al cine, mientras esperaba a que la suerte viniera a sonreirme y meterse conmigo en la sala, noté que las hojas secas del otoño siguen esparcidas por la Carrera de la Virgen. Entretuve mi rato de espera jugando con una de ellas entre las manos. Es un hecho trivial que de alguna manera anticipaba lo que iba a ser la película. Y es que a veces no hay flores, y asusta pensar que una hoja seca también puede conmover.

4 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Yo la veo esta tarde, así que me augura un buen rato (en buena compañía y con buenas perspectivas).
En efecto asusta pensar que exista belleza en cualquier sitio... Pero asusta más pensar que casi nadie la percibe.

10 noviembre, 2005 13:29  
Anonymous Anónimo said...

No soy la de la película, aunque ya me gustaría a mi, no por lo guapa que es, que eso al fin y al cabo se queda en nada en la peli, sino por la fuerza y el corage que tiene, en muchas de las escenas en mostrar las cosas como son, en África, por otro lado tomada de una forma muy light ( en áfrica, las condiciones son todavía más catrástoficas, y no podemos hacerlo girar todo en torno a una vacuna).Si me pidieran que me quedara con una escena de la película, sin duda sería el final,la escena cuando el se encuentra sentado en el mismo lugar donde mataron a su esposa, con la pistola en la mano, y con la música de fondo es digna de recordar....aunque no tiene tampoco nada de desperdicio,la situación del hospital, a la muerte del niño, cuando Tessa, se encuentra dandole de comer a el niño de color...ahora que me pongo a pensar a miles de escenas sin desperdicio.
Es una peli, muy triste,pero nadie ha dichi que el otoño,sea alegre.El otoño, siempre nos deja que através de su bolsillo roto, los primeros fríos nos desvalijen sin permiso.Lo que si,puedo decir que ayer hacía una tarde estupenda, la compañía era de los más cálida, y esto hizo que el frío no se notase. AH!!!!! la hoja con la que jugabas el otro día, estaba revolucionando, junto a otras parte de la calle...que vamos hacer el otoño y sus hojas son así......

10 noviembre, 2005 16:03  
Anonymous Anónimo said...

Pues anotada queda esta peli de título tan anderseniano o grimmesco (los de los cuentos, vaya) en mi imaginaria agenda de "películas da vedere según gente que sabe del tema".

10 noviembre, 2005 19:55  
Anonymous Anónimo said...

Ya la vi: una maravilla. Ralph Fiennes es importante en mi vida desde "El paciente inglés", pero creo que ahora se va a convertir en imprescindible.
Me quedo con varias escenas del film, con muchos paisajes... y con la cara de los que salíamos del cine mirando al suelo, sin decir nada y dejando caer unas lágrimas furtivas. Nunca había visto algo así, tan generalizado.

13 noviembre, 2005 20:40  

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