viernes, noviembre 04, 2005

Sobre el último pensamiento

Me temo que, de seguir en esta línea, voy a tardar en ganarme fama de macabro (hoy tal vez hasta de escatológico) menos de lo que tarda un cura loco en persignarse. Lo cierto es que no me identifico en absoluto ni con una cosa ni con la otra, pero hoy soy víctima afortunada de unas calles. Granada todavía es una de esas ciudades en las que tener un encuentro no previsto con alguien que uno no se espera no resulta demasiado extraño, y eso merece como regalo que se le ponga un bar por escenario. Por eso mismo ayer tuve la suerte de disfrutar, sin ningun mérito por mi parte para merecerlos, de tres de mis placeres más queridos: la inteligencia, el vino, y la buena conversación. De hecho, tan buena, que podría sacar no pocos temas para esta entrada, pero de momento algunos me los guardaré en la manga para próximas ocasiones, pues uno de ellos me llamó la atención con más urgencia.
Me contaron que en no sé qué parte del mundo anglófono (mi memoria tiende a desaparecer en cuanto baja el efecto del vino) habita una peculiar araña conocida con el afectísimo nombre de Last Thought. El caso es que esta criatura, por lo visto, gusta de habitar en la indiscutible intimidad de los váteres movida por un excéntrico sentido del olfato, y desde su guarida ejecuta con maestría su estocada maestra que, según me cuentan, consiste en que una vez ya te ha picado, a uno le queda la rigurosa perspectiva de un minuto para el que, sin excusas que valgan, será su último pensamiento. La situación, no por ridícula, es menos heladora. Personalmente me aterra la paradoja de que mi último pensamiento fuese precisamente decidir cuál sería mi último pensamiento. No sé si me explico. No sé, palmarla con una abstracta expresión de melancolía, cual Doncel de Sigüenza, no me motiva demasiado pero, por suerte, como escribe Vila-Matas, "al otro lado de la balanza, encontramos París". Sí, París, la que hasta ahora, y mientras no se demuestre lo contrario (y se puede demostrar perfectamente, no creáis), es la que considero la ciudad más hermosa del mundo.
Hace tan sólo unos meses que estoy enamorado de París. Todavía recuerdo los detalles con pasión, por tanto. Estando allí tuve la felicidad de visitar, entre otras cosas, el Museo Rodin, y de estarme mis buenos minutillos sentado frente al Pensador. Resulta que la imagen que ha quedado de esta escultura es, diría yo, muy similar a aquella que Gabriela Mistral resumió en uno de sus poemas: "Con el mentón caído sobre la mano ruda / el Pensador se acuerda que es carne de la huesa". Queda esa idea de la melancolía del pensamiento, como si todo tuviera una trascendencia inevitable, como si el mundo alrededor no existiera. Y es curioso, porque estando allí experimenté una revelación que me hizo completamente feliz. Como se sabe, no hay un único Pensador, sino dos. En principio, Rodin colocó su figura en el dintel de las Puertas del Infierno, composición inspirada en La Divina Comedia. Más tarde, como ocurre con otras figuras de esa composicón, reprodujo en solemne e individual bronce al Pensador. Y es curioso, porque en realidad (evitaremos los chistes acerca de su postura y el ataque de la temible Last Thought) el Pensador no está tan abstraído como parece sino, como corresponde a alguien que ve entrar a los pecadores desde el dintel de las Puertas del Infierno, sencillamente mirando hacia abajo.
Ese hecho me encanta, pues subraya la materialidad del acto mismo de pensar. Por eso, si tuviera un minuto para desarrollar mi último pensamiento, no lo malgastaría con el metapensamiento. Pero eso sí, que los sentidos sumen los minutos de toda una vida. Que siempre haya un instante al día, por lo menos, para sentir la suave, incluso la violenta, envoltura del mundo alrededor. Que los perfiles que con tanto esmero me aprendo de memoria siempre encuentren cinco puertas para entrar por este cuerpo.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Un insecto ejecutor de sentencias propias de un dios, París, Rodin, el hedonismo... Todo confluye en un sólo pensamiento (quizá el último... Antes del siguiente).
Si el comienzo desemboca en la muerte consciente, el final abre el fascinante baúl de los sentidos.
Me quedo con "que los sentidos sumen los minutos de toda una vida" a modo de sentencia, de túmulo en el que erigir esa idea final.
No obstante, París puede no ser la ciudad más bonita del mundo. Pero para decir eso tengo que verla primero.

03 noviembre, 2005 19:20  
Anonymous Anónimo said...

Una voz popular dijo...........
Muy bonitos tus artículos,algunos bajo mi punto de vista muy tristes...o quizás tenga yo de por si , el punto de vista de la tristeza muy bajo, seguro se trata más bien de lo último!!
Rodin!!sin duda es una mezcla entre lo dinámico de la figura , por la posición que tiene y en contra posición ,la relajación y meditación que produce la mano en la cara, mirando e intentando alcanzar lo inalcanzable......(acaso nunca habeis copiado esta postura, cuando no os convence lo que veís...es sin duda una clara reflexión sobre las personas.Yo soy sin más un Rodin!!!del Siglo XXI.

04 noviembre, 2005 12:23  
Anonymous Anónimo said...

Gracias,
es bonito saber que alguien ha leído estos artículos, que serán tristes sólo a veces, no siempre. El caso es que a mí no me importaría tener la belleza de un Rodin, desde luego. Un abrazo.

04 noviembre, 2005 12:39  

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