sábado, noviembre 26, 2005

Sobre George Best (o la redención)

Vuelvo a escribir tras unos días en los que me han reclamado más las aulas, las calles, los alumnos, la odiosa conciencia de que el tiempo pasa, las espectativas... que el teclado del ordenador. No tocaría hablar de fútbol hoy, supongo, si no fuera porque la actualidad tiende a poner las cosas en su sitio y esto se veía venir desde hace tiempo. Ayer al fin ocurrió. Ayer murió George Best, quiero decir.
Hay dos jugadores que no conocí en su época de esplendor y de los que me ha bastado "tirar de hemeroteca", como se dice ahora, para darme cuenta de que no eran como los demás, de que realmente tenían algo especial. Uno de ellos es Garrincha (del que habrá que hablar otro día), el otro, George Best. Ambos me llegan ahora con la estela de los poetas malditos del fútbol. Ambos tenían un regate imparable, una fama de conquistadores insaciables, y una tendencia hacia el hedonismo llevado hasta sus últimas consecuencias, que son las del drama personal, las de la tragedia casi. Una dualidad, en definitiva, que hace que recuerde una vez más las páginas de El lobo estepario, venerados hasta extremos peligrosos por su genialidad futbolística y su descaro ante la vida, pero devoradores de sí mismos a la postre. Garrincha murió pobre, feo como siempre había sido, y alcoholizado. Best se nos fue ayer quizá no tan pobre, con el deterioro físico que de alguna manera todavía recordaba al hombre bello que había sido, y con un hígado prestado, pues el suyo se lo tuvieron que transplantar debido a sus problemas con el alcohol. Sigan descansando en paz, sin él, las defensas de todos los equipos.
Como digo, George Best es uno de esos casos que representan, en el terreno del fútbol, la dualidad de los malditos. Un grandioso partido en la Copa de Europa le valió el apodo de el quinto beatle, tanto por su aspecto como por su apego a una época algo loca que hasta entonces había estado desvinculada casi por completo del fútbol. Una -no sé si llamar grandiosa también- desmedida afición al alcohol le valió igualmente ser descrito por una de sus ex-mujeres como "el más grande pedazo de mierda que pudiera imaginarse". Y es que, para bien o para mal, Best fue probablemente el primer futbolista que se convirtió en algo más que un futbolista. Sus salidas de tono ante la prensa son antológicas: "He gastado mucho dinero en borracheras, mujeres y coches. El resto lo he derrochado", dijo una vez; o "dicen que me he acostado con siete Miss Mundos. No es cierto, sólo fueron tres"; o incluso "podría ir a Alcohólicos Anónimos, pero será difícil lo de ser anónimo". Son sólo tres muestras de la afilada lengua de Best que los muy futboleros sin duda conocerán, y que servirán para que los que no lo sean se hagan una idea de la tendencia de Best a buscarse problemas. De su veterano compañero en el Manchester United, Sir Bobby Charlton, todo un prototipo de gentleman aún hoy para los ingleses (Best era norirlandés, de Belfast), no se le ocurrió otra cosa que decir: "envié a mi hijo a una de sus escuelas de fútbol, y volvió calvo". Todo un personaje este Best.
Amo el fútbol y siempre tuve alguna simpatía por el Manchester United. Tuve un profesor de inglés que tuvo la suerte de ver jugar a Best durante sus tres años de gloria y apogeo en el United, antes de arrastrarse por equipos de cuarta fila. Me contaba que llegó a marcar seis goles en un solo partido, que el estadio entero enmudecía cuando Bestie cogía la pelota a la espera de las diabluras que se le ocurrían casi siempre. Supongo que ha tenido la desgraciada suerte de morir sin redimirse por sus muchos -y algunos envidiables- pecados. Ni falta que le hacía, supongo. Gozó en vida del ruido frenético de los placeres y del silencio reverencial del público. El drama que le adivino quizá fue sólo el precio que un lobo estepario sabe que tiene que pagar. Un estepario casi siempre lo paga.

1 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Ayer leí la noticia e intuí que sería un día triste para los amantes del fútbol.
Quizá un pase desde medio campo tenga mucho que ver con las melodías de los Beatles, o la frustración por haber fallado un penalty con la frustración que conllevan las drogas...
Eso pasa cuando el fútbol, o la música, dejan de ser lo que eran para llegar a convertirse en algo más que eso.
Beijos

26 noviembre, 2005 17:16  

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