Sobre la víspera del nuevo año
To me, a dollar was a dollar in any language... lo dice Johnny Farrell (Glenn Ford) al comienzo de Gilda, y siempre me ha gustado ese arranque. De hecho, me gusta tanto que esta tarde me he enfrentado a uno de esos pequeños, tontos, evitables, y siempre presentes dilemas que tiene uno en los días en los que la normalidad es tan sólo aparente, porque hoy es el último día del año y me tenía que decidir por una película para la sobremesa. Ha sido la última -y por eso no podía ser cualquiera- que he visto en este 2005 que ya cobra la misma forma que la estela de un cometa; y le ha tocado, para bien o para mal, a la para mí sempiterna Gilda. La verdad es que yo quisiera igualmente lanzar los dados al suelo, simplemente a ver qué pasa, y que un segundo -a falta de dólares- fuese un segundo en cualquier idioma, en cualquier parte, en cualquier momento.Pero sucede que no, que la tarde cobra de pronto una extraña pereza que invita al abandono del deber, y le da por ponerse el vestido de terciopelo negro de la Hayworth (¿existió alguna vez una belleza más martirizante en Hollywood?), que mañana no tendré la calma de un despertar sereno, a la que quizá me he acostumbrado demasiado pronto, y que esta noche debo cumplir con los ritos de obligarme a una alegría que no sé si siento, pero que no pienso negar. No es un día cualquiera aunque lo pareza. Y eso me inquieta.
Tiendo a pensar que las vísperas son la promesa de una vida que sigue igual, y por primera vez en mucho tiempo esa idea me disgusta sólo a medias. Es mucho lo que puede cifrarse con una fecha, y me produce algo de melancolía el saber que todo eso quedará finiquitado dentro de unas horas, justo cuando empiece a pensar -por no sé qué arte de magia- que aquello que me espera mañana ya es otra cosa, ya es nuevo, aunque sólo sea mañana.
Sin asomo de condescendencia seré de los que se entreguen a la mezcla, a la mano que se le estrecha a los otros, a la risa compartida. Da igual lo que quiera que sea un estado de ánimo hoy, porque el tiempo nos iguala. Pero si no diese igual, si el deseo del primer impulso pudiera imponerse como en casi cualquier día normal, hoy tal vez buscaría la soledad más que nunca. No por tristeza ni por fobia social, sino para cerrar los ojos en la oscuridad de una habitación y recordar todos los momentos que estoy a punto de embalar con una etiqueta en la que ponga 2005. Envidio al que sin tristeza -y supongo que no son muchos- pueda darse hoy a cierta gozosa melancolía, la de recordar las cosas que se han tenido, sin ruido, sin los otros, sin bullicio. Pero también con alegría, porque no todas las cosas que uno desea necesitan de la estridencia -ni la indiscreción- de un brindis. Aunque hoy yo también brindaré. Por lo perdido y lo vivido. ¿Acaso hay otra cosa?


2 Comments:
Nosferatu le dijo a Jonathan: "Usted es como los aldeanos: no comprenden el alma del cazador solitario".
Yo escojo (o mejor dicho, no me molesto en escojer otra opción) el quedarme en mi casa, como si eso no supusiera una tragedia. Como todo, algo bueno tendrá y algo bueno me estaré perdiendo.
¿Qué más se puede decir de Gilda? No conozco una manera mejor de dejar ese 2005 (ya pasó, ya pasó...)
Sólo añadiré que if I'd been a ranch, they would have named me The Bar None
Con eso... Sobra todo lo demás.
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