Sobre el sentido del humor

Últimamente cada vez que me cruzo con una casualidad la acaba pagando -literalmente- mi cartera. Así me sucedió ayer, sin ir más lejos, cuando fui a comprar ciertos libros que me hacían falta y, una vez en la librería, me dejé llevar de manera nada inocente hacia un rinconcillo en el que se amontonaban los preciosos volúmenes de la editorial Acantilado, ninguno de los cuales tenía previsto traerme a casa, ninguno de los cuales en realidad necesitaba más allá del placer, que es en el fondo la auténtica necesidad del lector. Como suelo pensar que cada persona se parece a un té, debo advertir que a mí me recomendó dicha editorial una persona que cada día me confirma más que es un té rojo, y un té rojo no suele tener mal gusto precisamente. Los volúmenes del Acantilado, digamos, te los recomendaría siempre una persona que cuida tanto su biblioteca como intento yo cuidar la mía. De los dos que compré ayer, uno de ellos era una colección de ensayos de Chesterton maravillosamente editados que me precio ya de tener en casa, aunque si he de ser sincero, no para hincarle el diente enseguida, sino para engordar la nómina de los libros posibles que a este escribiente siempre le gusta tener cerca. Como eso no cura de la impaciencia, ya en el autobús de regreso le eché un vistazo al índice y me llamó la atención un ensayo titulado "El humor". Por la noche, cómodamente en mi sofá, me lancé sobre dicho texto para ofrecerle una fiesta a mis neuronas.
Y es que parece que el tema este del humor me persigue estos últimos días. Justo la noche de antes compartía una caña con una amiga mientras hablábamos de la necesidad de tener sentido del humor para moverse por la vida sin agredir. Esta misma semana recuerdo haber visto en El loco de la colina, el programa de entrevistas de Jesús Quintero, a Alejandro Jodorowsky decir que aquellos que carecen de sentido del humor no es que sean bobos, es que son peligrosos. Esta última observación me pareció espléndida. En el ensayo que ya he mencionado nos dice Chesterton que humor es "un término que no sólo se resiste a ser definido, sino que en cierto sentido se precia de ser indefinible; y en general se consideraría una falta de sentido del humor intentar definir el humor". Como sospecho que esta afirmación no es desacertada, escribo esto sabiendo que por hablar de este tema, precisamente, me arriesgo a quedar como el escribiente más pusilánime del mundo, pero aclaro que no pretendo dar con ninguna definición del sentido del humor, ni tan siquiera ponerlo en práctica más de lo habitual, sino sencillamente llevar a cabo mi pequeña apología sobre algo que considero esencial.
Me valgo de un símil futbolístico que creo que puede ilustrar perfectamente mi parecer al respecto: para mí el sentido del humor es como el regate ante la vida, algo así como la suma de todos los recursos de la inteligencia en el momento más apropiado. El jugador que sabe regatear no sólo tiene posibilidades de salir airoso, sino que evita con elegancia el envite de la fuerza bruta del contrario que trata de arrebatarle el balón. El arte del regate, por otra parte, implica incertidumbre, pues siempre puede salir mal, pero también una determinación que está más allá de los resultados. Humor es tentar a la vida incluso sin garantías de éxito. Por eso me gustó lo que dijo Jodorowsky. El jugador que no sabe regatear es como una persona sin sentido del humor, y seguramente pertenece a la categoría de los destinados a correr detrás del balón en lugar de a tenerlo. Ese jugador no valora tanto las posibilidades porque su camino es una línea recta y acomete directamente hacia su objetivo. Es el que reune más condiciones para acabar haciendo falta y, por lo tanto, el más peligroso para el contrincante, el que más lesiones puede causar. Una persona con sentido del humor se parece al buen regateador: ve varias posibilidades, piensa rápido, ejecuta la más idónea, consigue escaparse limpiamente, sin dañar, y encima le queda bien la jugada consiguiendo de paso que el juego nos guste.
Por eso creo que el sentido del humor es la capacidad para regatear a las espesuras de la vida, a sus brutas acometidas, y transformar nuestra existencia en algo hermoso. Cada vez que veo circunspectos rostros apelando a la responsabilidad, a la seriedad de sus acciones, a la transcendencia de las grandes y airosas (por llenas de aire) palabras, me imagino a un morlaco a punto de embestir o, con más frecuencia, a un mediocre futbolista al que ya se le pone la cara de los expulsados por tarjeta antes incluso de ejecutar la entrada. Cada vez que me cruzo con uno de estos individuos, por supuesto, opto por intentar el regate perfecto. No siempre se sale bien parado, pero la indecisión no sólo es taciturna, sino la manera más probable de perder el balón o, en el peor de los casos, dejarse romper algún hueso. No olviden que un gesto adusto es peligroso.
Añadamos que el sentido del humor puede derivar en la manifestación más claramente corporal, más visiblemente física, del intelecto, que no es otra que la risa. La risa nos pone en nuestro sitio porque en un visto y no visto nos aleja de la abstracción de las cosas solemnes y nos pone del lado del placer más apegado a la tierra, al cuerpo. La risa es como los cuerpos graves aristotélicos, que siempre buscan la tierra (no en vano es bella y muy plástica la expresión tirarse al suelo de la risa, ¿verdad?). Como digo, es una sensación física que vive en el presente. Yo, que me río bastante, vivo desde hace tiempo con la impresión de estar perdiendo el partido. Cuando miro hacia el futuro veo que el equipo contrario, el de los marcialmente serios, nos va ganando con su apelación al orden, y que el árbitro va a pitar el final en cualquier momento. Ahora bien, si perdemos, es un poner, por 5-1, creo que la victoria del rival debe seguir siendo pírrica. ¿Que cómo se hace eso? Se me ocurre que uno puede coger el balón lo más lejos posible del área rival, dar por hecho que va a perder, y calcular el trayecto necesario para el más bello zig-zag hasta la red de la portería contraria. Una vez hecho todo eso de la manera más rápida posible (recuerden que el sentido del humor también es una cuestión de rapidez) ya todo será pan comido. Disponemos de un gol para armar la de Maradona.


2 Comments:
Creo que una parrafada así para deducir que el sentido del humor es primordial, positivo e inteligente no era necesaria... pero en fin.
A mí, curiosamente, me encantó esa frase de Jodorowsky cuando lo entrevistó el Quintero, quizá porque coincido plenamente. Por eso creo que el resto del mundo admira a los andaluces: el innato sentido humorístico que nos caracteriza (con matices, a unos más que a otros y con calidad desigual) en general suele resultar muy atractivo para las mentes unidireccionales y serias que lo contemplan.
Beijos
Siempre he pensado que en una escala de valores saludabes, un peldaño más arriba de la inteligencia está la alegría, es más, sin ella no existe esa inteligencia. Esta entrada muestra ambos peldaños. Besos.
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