Sobre nadar con delfines (o aprender a ser pequeño)

En los algo más de dos meses que llevo sin actualizar este blog he tenido tiempo, no obstante, de poner patas arriba mi vida, cambiar de planes casi cada día y, para no perder el tiempo, compartir algún almuerzo con una persona muy especial. Esto último va por ella. Si alguno de mis antiguos lectores aún se acuerda de mí y ha reparado en que he vuelto a escribir sepa que ella debe andar por los setenta años, tiene una sonrisa franca y agradable, la cual suele acompañar con una verbosidad muy dulce, pero jamás empalagosa, y la autoridad que impone -no sé si conscientemente- nace de una rebeldía desarmante que exhibe con orgullo. Es la primera persona en mucho tiempo a la que le he dejado un libro y me lo ha devuelto subrayado. En diversos colores, además. Basta un almuerzo con ella para saber que el monocromo portaminas que suelo utilizar yo no va consigo. Su propia presencia se acompaña siempre de diversos colores.
En aquel para mi impagable almuerzo me contó que un par de veces en su vida había nadado con delfines en el mar. Yo hoy puedo presumir de que me lo ha contado. Recuerdo que ya mientras hablábamos la idea me vino a la cabeza: hay gente que es eternamente joven, no lo niego, pero los realmente privilegiados siempre son niños. No porque sean inocentes, ni inconscientes, ni cándidos, ni tópicos por el estilo. Más bien es porque hay personas que han aprendido a capear el temporal con una firme curiosidad por casi todo.
Hay formas de recordar la infancia (que por lo general suele ser cruel) como una especie de paraíso perdido. Hay formas igualmente de aprender a ser un niño. Yo le hablé de una canción de Bunbury que me parece que da en el clavo: "de pequeño me enseñaron a querer ser mayor / de mayor quiero aprender a ser pequeño". Querer ser pequeño siempre tal vez sea una forma de encerrarse, de negar sistemáticamente el crecimiento y buscar la protección que no estamos siempre dispuestos a procurarnos. Aprender a ser pequeño es casi todo lo contrario, es no perder nunca la curiosidad por las cosas, como si el mundo estuviera recién creado para nosotros. Es crecer, esto es, aprender.
Igual va a parecer que sigo tan espeso como siempre -lo cual, por otra parte, es rigurosamente cierto-. Es que yo no soy tan listo como ella. Me la puedo imaginar siendo pequeña entre delfines, pero no podría pintarlo con mi grisáceo portaminas. Cuestión de aprendizaje.


1 Comments:
Remito, una vez más, a Forever Young de Alphaville.
Hay quien vive en un perpetuo estado infantil y quien lo ha perdido tan pronto que un día se levanta y llora porque quiere que su traje de Armani se convierta en una capa voladora. Cuestión de tiempos biológicos (cada uno tenemos el nuestro).
Publicar un comentario
<< Home