martes, mayo 02, 2006

Sobre las maletas

Hoy he comprado mi primera maleta. No es que antes no tuviera ninguna. En mis últimos viajes me las he visto putas para mover una vieja maleta que mi tía abuela tuvo a bien regalarnos. Era incómoda y acababa con ampollas en las manos. La que he comprado hoy es la primera que yo pago con mi propio dinero, y por tanto no tiene el valor sentimental de la otra, pero sí un valor simbólico mucho más alto e inexplicable. Hoy he comprado mi primera maleta y esto es casi un hecho contraproducente. En Granada es día de la Cruz, y a esta hora mucha gente se entrega al jolgorio en las calles. Durante todo el día he visto gente arrastrando maletas por la ciudad, de manera que lo lógico hoy parece traerse la maleta para Granada, pero no comprarse una maleta en Granada. Tengo que aclarar que me la he comprado para emprender un pequeño viaje a una ciudad del norte, donde en estos momentos casi lo único que espero es huir de la fiesta, de la tradición, de la idea para mí cada vez más molesta de pertenecer a un sitio.
El fulano que se inventó a este Montaigne se siente perdido y en un arrebato de orgullo se ha comprado una maleta. Sueña con una rutinaria estación de autobuses y una carretera, con cientos de kilómetros para no ser de ningún sitio. Planea tontamente elegir un buen libro para soportar las muchas horas de autobús, imagina paisajes capaces de distraer las heridas. Ya medita las cosas indispensables para llenar la maleta. Se entristece de pensar que basta con apenas algo de ropa, algún dinero y lo básico para oler más o menos bien.
Hay quienes hablan de encontrarse consigo mismos. Hay también, por el contrario, quienes compran una maleta para tener una excusa, un pretexto para desatarse de vez en cuando de todo lo que cotidianamente les rodea. Tengo una maleta porque hay una carretera que está dispuesta a separarme de los pasos que he dado hoy mismo, de las calles donde a veces tengo la costumbre de ser feliz. Hoy me he comprado una maleta como me podría haber comprado un látigo. Montaigne tiene alguna esperanza de ver la lluvia en las paredes de piedra de una ciudad que no es la suya, de tumbarse en la cama de un hotel con la sola compañía de un libro y dejar que fuera el mundo siga siendo ancho y ajeno. Montaigne quiere descansar unos días del fulano que lo inventó. Sólo unos días. Lo malo es que me he comprado una maleta precisamente porque presiento que voy a querer utilizarla muchas veces.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Yo quiero comprarme una maleta, pero no quiero ser la Penélope serratiana. Quiero ir a muchos sitios con ella y ponerle pegatinas de esos lugares. Y tiene que ser de algún color violantés, nada de marrón o algo así.
Y quiero utilizarla tanto que se termine rompiendo. Eso será buena señal.
Se nota que estamos en época de renovación, todo el mundo viaja. Mi hermana en NYC, mi hermano se va en unos meses a Londres, a mí hoy me han propuesto un viaje a BB. AA. (si no sale, a Londres seguro), tampoco le haría ascos a NYC (I wanna wake up in the city that doesn´t sleep... New York, New York...).

Viajes iniciáticos, viajes evasivos, viajes renovadores, viajes descubridores. Todos son bienvenidos.

Pásalo muy bien por aquellos lares y dime de qué color es la ciudad cuando vuelvas.
Besines leoneses ;)

03 mayo, 2006 19:39  
Anonymous Anónimo said...

Enrohabuena. Sigues escribiendo muy bien. Un saludo.

12 mayo, 2006 20:47  

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