jueves, julio 06, 2006

Sobre Londres

Hay una larguísima pereza en el regreso. Me fui a Londres buscando esa apertura de miras académica que en España nunca he detectado y ahora pienso que no podría haberme buscado un motivo más tonto con el que engañarme, pues mi experiencia académica puede resumirse en dos larguísimos días en el aula de una facultad fantasma, donde he sido testigo de una exhibición de plomiza erudición, así como de un continuo ejercicio de adulación hacia un viejo profesor que encarna como nadie -supongo que a su pesar y al mío- aquello de lo que venía huyendo: el traje rancio y la corbata sistemática, la obsesión por el dominio del dato puro y duro, el obstinamiento por convertir cada exégesis de un texto medieval en el descubrimiento de una más que dudosa originalidad, el desprecio por todo cuanto pone un interrogante en la cabeza de Donyanimeacuerdo, el constatar una vez más que en la Laureada Famila del medievalismo no me voy a hacer muy viejo. El afianzamiento del inmovilismo que nos hace llegar a viejos, según veo, pero que también nos vuelve demasiado serios, amenazantes, encorvados... Y afuera esa ciudad.
Porque la sensación de aburrimiento en Londres es directamente proporcional a la sensación de impaciencia que a uno le produce el pensar en la de cosas que podría estar haciendo mientras se aburre. He soportado la risa de no sé qué fulano al que me cuentan que le debo respeto (y que no respetaba a nadie, dicho sea de paso), y me ha importado poco porque Londres compensa con creces hasta la torpeza de buscarse la más tonta de las excusas para pasar unos días allí.
Estoy cansado y me siendo como nunca: nuevo sucidio académico, y qué vivo he salido de él. Por suerte todo acaba, y en algún momento hubo una puerta que crucé para no volver a entrar, porque lo realmente divertido en Londres es cruzar puentes ("because it's fun, there's any special reason, it's fun", oí decir a un loqueras australiano que se entretenía saltando al Thamesis de puente en puente y trataba de impresionar a una amiga mía con su descerebramiento). ¡Y qué razón tenía aquel descocado! Ahora sé que Londres no necesita de razones, simplemente es divertido. No puedo decir otra cosa de una ciudad que ha sabido extraer del caos visual la música de las esferas.
Pronto se olvidan los sinsabores profesionales, el miedo al futuro, y me atrevería a decir que casi todo, cuando uno tiene la suerte de contemplar con cursilería de ánimo un atardecer sobre un paisaje de metal que no es nada cursi. Londres me ha dado una razón fundamental para llegar más lejos: vaya quien quiera comprobarlo hasta cualquiera de las cafeterías de la Tate Modern y observe el reflejo del sol que parece salir por encima del Parlamento para ir a parar hasta las negras cristaleras de los rascacielos de la City. No he visto sol más ateo, más atento a pasar olímpicamente -o literalmente por encima- de la catedral de Saint Paul. Al final resulta que todo aquello que un día imaginamos monstruoso tiene su propia belleza, y es casi imposible no sucumbir ante ella. Ni ganas de evitarlo.
Ahora estoy de nuevo en casa. He dejado atrás unos días en una de las ciudades más sucias, malolientes, locas y hermosas que he visto en mi vida. Una ciudad donde era el tipo con la excusa más tonta del planeta, pero a la que le daba igual eso. Me ha cansado, he soportado sus dichosas alarmas antiincendios, su comida rápida, lo agotador de sus paseos, pero Londres ha sido una ciudad en la que era un extranjero, y donde todo me resultaba ajeno menos lo que me interesaba. Dichoso privilegio el mío. Ahora que vuelvo a escuchar por la mañana las tertulias radiofónicas en mi lengua, que el griterío no es el mismo y soy capaz de entender lo malintencionado que resulta, me pregunto si algún día en este país seremos capaces de convivir tan bien como vivimos. "It's not fun", pero prefiero cruzar puentes a tirarme por ellos.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Los puentes de Londres... Los puentes... Esas maravillas que te ayudan a comprender el Thames en toda su extensión. En Match Point Love Actually, etc. ves la importancia que tiene para los londinenses, eso seres grisáceos que te espetan una sonrisa inesperadamente.
Lástima que no hubiera niebla. Es de las cosas más bonitas de esa ciudad tan grande y cósmica.
Y cuando viajas a otro país escuchas la voz de sus habitantes, que es la misma pero en otra lengua... La de Londres era muy cosmopolita, bastante posh...

En fin... Maybe ´cause I´m a londoner that I love London town...
Besines... O Kisses!

06 julio, 2006 19:07  
Anonymous Anónimo said...

Pasear por los puentes que cruzan el Támesis es un espectáculo maravilloso para los 5 sentidos (Afortunadamente no hay que prescindir de ninguno de ellos). Logré que nada me resultase ajeno. "Dichoso privilegio, el mío", te lo aseguro!!

10 julio, 2006 02:31  
Anonymous Anónimo said...

Lo malo de perderle miedo a Londres es que puedes colarte bien adentro de su interminabble gap. Estoy arruinada, exhausta y para colmo la mar de contenta. Esta ciudad te chupa la sangre y consiga que quieras mas. Dan testimonio de ello mis estupendas visitas y sus 10 aplicados sentidos. Pase lo que pase, por favor que nadie me rescate nunca de este lugar!

11 julio, 2006 17:28  

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