
A casa suelen llegarme muchos libros. Vienen desde París, Londres, Madrid, Turín, Barcelona, Michigan, Toledo, Nueva York, Buenos Aires... Se quedan a vivir en unas estanterías cada vez más sobrecargadas pero no están demasiado tiempo quietos, pues me gusta recordar lo que dejó escrito Susan Sontag: "En lugar de una hermenéutica, necesitamos una erótica del arte", y por eso me animo a tocarlos mucho, a llevarlos de un sitio a otro y buscarlos dondequiera que se encuentren cuando viajo, como se busca la compañía en un bar (incluso cuando la compañía se queda en casa yo siempre llevo el deber de un amante en el corazón). Sé que los guardo pensando en alguien que aún no alcanzo a saber quién será, y sé también que no soy yo aquél al que se quedan esperando cuando les otorgo la quietud. Yo sólo soy el hacedor del polvo y la humedad -sin dobles sentidos- que los asedia. Por ahora permanecen conmigo aunque vengan de lejos y por eso, algunos, suelen prolongarse sobre los destinos más variopintos: unas veces su suerte se hace pública en el aula tristona de algún congreso, otras sus efectos van a confundirse con el humo denso de las cafeterías y, las más, acaban animando una conversación en algún sitio bonito, con buena comida y mejor bebida. El último, por ejemplo, fue una segunda degustación de Chesterton. La primera de ellas me llevó varios meses, muchos ratos perdidos, y casi mil páginas en total. En la segunda los libros ni siquiera estuvieron físicamente presentes, y me supo igual de bien que la primera -o incluso mejor- acompañada de un suculento pincho de cordero. Y es que los libros no se quedan en el punto y final, sino que van a terminarse en las conversaciones que nos animan, que ésas son el cuento de nunca acabar. Por eso recomiendo, a ser posible, buscarse un restaurante no muy caro pero apetecible (que los hay), preferiblemente con manteles de cuadros, pues éstos, además de invitar a la familiaridad, suelen dar alegría, y emplazado preferentemente en un entorno urbano, rodeado de idiomas varios, para ponerle fin a una lectura que no nos haya dejado indiferentes. No existe mejor guinda. Tampoco mejor pastel. O casi.
5 Comments:
Yo acabo de ordenar mis libros. Son pocos pero cada uno tiene su particular historia, y merece la pena compartirla con una buena charla, como bien dices.
Disfruta de los manteles de cuadros :)
Saludos compañero fetichista.
Estamos esperando a que hagas un "Sobre.." del disco bunburriano-vegoso.
Mal asunto, yo esperaba que lo hicieses tú. Me gusta mucho el disco, por cierto.
De acuerdo. Entonces dejaremos de esperar. Ahora sólo cabe que nos sorprendas.
Que no, que no voy a escribir sobre el disco. Mejor lo destripamos con una cervecita, ¿no te parece?
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