Sobre El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro (o sobre la violencia en el cine)
Si no fuera porque existe la contradicción me temo que no podría escribir esta entrada que, dicho sea de paso, no va a contribuir precisamente a que me quieran más, pues me consta que algunas de las personas que me leen son seguidoras del cine de Guillermo del Toro, como lo son también algunos de mis amigos que jamás se han pasado por aquí. En realidad debo admitir que yo no había visto antes -al menos que recuerde- ninguna película de este director mejicano del que me hablaban siempre maravillas, aunque desde que empezó a promocionarse El laberinto del fauno sentía cierto cosquilleo por ver en pantalla una idea que me parecía arriesgada, y que tenía todas las papeletas para resultar hermosa. A su manera lo es. Me planté en el cine casi el mismo día del estreno como quien no quiere la cosa y ahora me doy cuenta de que quizá no iba preparado para lo que se me iba a venir encima. ¿Cómo explicarlo? Tras la película salí de la sala turbado, en buena parte debido al increíble despliegue visual, a la enorme capacidad fabuladora de la que hace gala del Toro, cuyo talento plástico me parece elogiable, y del que probablemente hablaría maravillas si sólo me propusiera hablar de la estética barroca de la película. Pero mucho me temo que mi turbación también tenía un componente de muy distinto signo que últimamente he observado que se repite, ay, con más frecuencia de la que yo quisiera en una sala de cine.Digámoslo sin rodeos: El laberinto del fauno me parece una película que abusa del sadismo. Debe ser que me hago mayor, o que nunca se me ha dado bien ser joven, pero lo cierto es que para ciertas cosas debo admitir que me falta estómago. En más de una ocasión, hablando precisamente de cine con amigos, he manifestado que desde que he aprendido a detectar la frivolización con el tema de la violencia se me hace más difícil de tragar la recurrencia gratuita a la misma. Normalmente uno escucha la réplica de que la violencia es inherente a la naturaleza humana, y que no uno no puede hacer como que no existe. Ni yo lo pretendo. Si bien no me gusta volver la cara ante el tema de la violencia, cada vez me parece más justificado volverla cuando el sadismo -por lo que veo definitivamente incorporado como reclamo comercial- entra en escena. No entraré en detalles acerca de la tan traída y llevada inherencia de la naturaleza humana, que al fin y al cabo es la más artificial, saqueada e inconsciente de las naturalezas.
Es curioso pero justo antes de El laberinto del fauno volví a ver en DVD -esta vez en versión original- Una historia de violencia, de David Cronenberg. Esta película, en cuestión, contiene perlas tan cursilonas para el espectador como la de tener que tragarse el primer plano de un rostro estampado contra el suelo por un tiro. Se trata del rostro de un asesino brutal igualmente asesinado con brutalidad. La imagen no es en absoluto agradable, pero a este primer plano le suceden en la película una serie de elogios hacia el tipo que se ha deshecho así del asesino, un aparentemente inofensivo regente de la cafetería de un pueblo perdido de costumbres honradas al que, machaconamente, llamarán "héroe". A mí me gusta esa manera de poner las cosas en su sitio, puesto que al margen del discurso que poco a poco se va tejiendo en torno al héroe, Cronenberg no deja de mostrarnos la crudeza de la violencia que se genera al margen de toda esa retórica, o que incluso es legitimado por ésta. Y sí, pienso que el heroismo es retórica, y la violencia, violencia. Sin más.
Se da el caso de que algunos de mis directores favoritos, caso de Scorsese, nunca han rehuído el tema de la violencia, y que no soy una persona precisamente proclive a la noñería cinematográfica. Ahora bien, cuando una mutilación de lo más explícita provoca carcajadas simplemente por el hecho de que "está muy bien rodada" (argumento al que parece reducirse con frecuencia creciente la valoración cinematográfica), entonces es que probablemente hay algo en lo que hemos dejado de pensar. Me interesa la violencia en el cine fundamentalmente porque me produce la sensación ventajosa de intuir sus horrores al tiempo de saber que, por el momento, se queda en la pantalla.
Con esto me refiero, claro está, a la violencia física, porque la otra, la verbal, la que actúa de manera inconsciente, la que en El laberinto del fauno aboga por la necesidad de no derramar la sangre de los inocentes a cambio de derramar la propia y la ajena a mansalva... ésa a veces uno se la lleva puesta de manera cómplice y no se da ni cuenta. No sé cómo aceptar ciertas cosas sin la contradicción. Entiendo que la película resulte hermosa a pesar de la simplificación de los personajes, divididos sin más en muy buenos y muy malos, a pesar de esa continua sobreactuación de Sergi López. Entiendo que ese fauno toca las fibras de la fantasía y por sí solo podría encadilarnos. Entiendo que la fantasía no es nada inocente cuando apela precisamente a la inocencia. Ahora bien, cuando ante una mutilación que nada aporta al desarrollo de la historia media sala se despolla prefiero no preguntar dónde está la gracia, no vaya a ser que alguien me diga que no lo sabe.


4 Comments:
Creo que con el término "violento" se mata el género por la especie. Hay muchos tipos de violencia, incluso en la realidad paralela del arte. No es lo mismo la extremada y (aunque no he visto, ni lo haré si puedo evitarlo, la pelicula de Del Toro) mucho más impactante "violencia didáctica" de "La Pasión" de Mel Gibson que la violencia escenográfica de un cuento fantástico. Me temo que ése sea el único recurso de muchas peliculas, el de divertir con chorros de sangre. Y lo malo para mí no está ni mucho menos en el recurso en sí (precisamente porque es un recurso estético y no traspasa ese nivel) sino en que sea "el único".
Obviamente quise decir "matar la especie por el género" y no al revés...
Me encanta estar de acuerdo. Y eso que no he visto ninguna de las dos películas de las que habla Montaigne. Gracias a este blog me ahorro atravesar el engorroso Laberinto del Toro (qué mítico todo).
Por cierto, el otro día pusieron en la TV "Spider" de Cronemberg y me encantó. ¿Son realmente del mismo tipo "Crash" y "La mosca"?
Me ha resultado curioso leer que la gente se reía en el cine ante una escena de tortura. Yo, que si he visto la película ( algo que creo básico para poder comentarla ), puedo decir que la escena está bastante desprovista de humor, y al igual que en el resto del metraje, la violencia ( al igual que en Una Historia de Violencia ) está tratada con absoluta crudeza y libre de efectismo irreales. Por tanto,la pregunta que me viene a la mente es ¿por qué se ríe la gente en una escena así?
Creo que ahí está el punto jodido, porque también he escuchado risas cuando en Brokeback Mountain dos hombres se besan. A mi entender, muchas veces la deformación de los sentimientos se encuentra en el propio espectador más que en la película.
Bueno, es un tema interesante. Queda decir que Crash me pareció una cinta de folleteo chusco, que Spider aunque original resulta un tremendo coñazo ( y también con sus momentos chuscos ) y que La Mosca es una película de un tipo que se transforma en mosca ( ¿qué más quereis ?)
Un abrazo sr. Medievo
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