viernes, abril 27, 2007

Sobre 300, de Zack Snyder (o cómo quedarse pasmado)

Prácticamente me habían abandonado las ganas de volver a escribir en este blog cuando de pronto me da por pensar en cosas sencillitas, como la amistad. La amistad, sí, esa cosa que suelo cultivar cada vez que puedo, por ejemplo, en los bares. Y es sabido, ay, que en ese juego de azares de los afectos cuesta lo suyo mantener un día sí y otro también las simpatías de aquellos a los que uno quiere, y muy poco prender la mecha. Para eso último casi que ya tengo este blog. Pues bien: mecha al canto. Pese al entusiasmo más o menos general que detecto a mi alrededor, el jarro de agua fría que me supuso ver 300 tardaré mucho en olvidarlo. Tanto que hasta me he decidido a escribir para ver si me libero de cierto regusto -más que amargo, amarguísimo- que me dejó la peliculita de marras de una puñetera vez. Es una paradoja de psiquiatra la mía, puesto que de todo lo que he visto últimamente, pienso que es la adaptación del cómic de Frank Miller lo que más méritos ha acumulado en mi revuelto cerebro para ser olvidado. Pero para eso también se puede escribir, ¿no?.
Lo primero, mi experiencia al ver la película está afortunadamente muy mediatizada: me encontraba yo en Madrid, pasando la semana con mis trabajillos, una última tarde de lunes tras haber terminado lo que tenía que hacer, pensando excusas para volver pronto a la capital, donde si uno quiere no se aburre, y en esto que salgo por la boca de Metro de Tirso de Molina sin ningún plan cuando paso junto a la puerta de los Cines Ideal, cuya cartelera ya había explotado todo lo que había podido y más en días previos, y veo que la única copia en versión original de todo el país la exhiben precisamente allí. Perfecto, ¿por qué no? Cuando vi los trailers ya me habían dejado un tufillo que no me gustaba demasiado, pero hay que viajar antes de opinar, dicen, y al fin y al cabo soy feliz yendo al cine a cientos de kilómetros de mi casa, y solo, que así de snob, superpedante y lleno de poses, acaba por ser uno. Total, compro la entrada, pero aún quedaban dos horas.
En esto que vuelvo al Hostal a tumbarme en la cama y caigo en la cuenta de que el martes es justamente el día que cierra el Museo Reina Sofía. Mal asunto, porque el martes por la tarde volvía a Granada y tenía bastante interés por volver a ver el Guernica. Echando hostias cojo el Metro, pago mis 6 eurazos a toda velocidad, puesto que no me parece tener tiempo suficiente para tratar de colarle a la empleada de la taquilla que soy estudiante o menor de edad, cada vez me parezco más a lo que soy, me temo, y encima la parada de Atocha junto al Museo en obras, para tardar más y darle un brillo repentino, como de amor verdadero o de aventura contrarreloj, a mi rapidísima incursión. Veo el cuadro apenas tres minutos, suficiente para confirmar que es tan espléndido como lo recordaba, pero muy corto, cortísimo, para poder quedarse allí pensando en algo más o menos coherente. Vuelvo sudando a mares a través de ese adelantado e indiscretísimo verano madrileño hasta el cine. Total, ya llego cinco minutos tarde, pero ha sido una proeza llegar, así que me premio con unas palomitas, por aquello del cine espectáculo. Mi deslucido y sudado cuerpo se ve de pronto ante un festín de músculos que en mi fuero interno me hacen sentir levemente humillado (levemente siempre es un eufemismo, claro), pues además de no ser precisamente un Adonis, uno había llegado al cine hecho un auténtico despojo.
Menos mal que compré un botellín de agua, vuelvo a convertirme en un ser debidamente hidratado, con mi típica composición de casi el 80 % de agua, o lo suficientemente hidratado al menos como para recuperaz la lucidez mínima que no tuve ante el Guernica. Había oído hablar del tono fascistoide de la película. Pues bien, no comparto esas críticas en absoluto. Igual es que estoy fatal, que todo puede ser, pero también hay suavidad en lo de "fascistoide"´. A 300 le cabe el mérito de haberme mostrado en mi vida, al menos, la diferencia visual entre lo fascistoide y lo directamente fascista. Una película excesiva, dicen, así que yo tampoco, ¡ay Espartanos nacidos para la gloria!, estoy por suavizarme demasiado.
Del antifascismo al fascismo en menos de media hora (concretamente en lo que va de Atocha a Tirso de Molina), demasiado para mi maltrecho y acomplejado cuerpo. 300 me ha deprimido con el paso de los días, porque veo hasta qué punto la espectacularidad anula nuestra percepción de ciertos fenómenos. Y en esta enfermiza deriva de llevar la contraria en la que me he metido, ¡ay otra vez Espartanos cenando in Hell!, oigo que si es que es que está basada en un cómic, que si sólo por su poderío estético ya merece la pena, que si la historia dice esto o lo otro... Calma, corazón. Calma y ve por partes, anda.
Vivimos en un mundo que produce imágines de manera tan vertiginosa que, como no hace mucho le oí decir a José Saramago, nuestra experiencia es ya más una experiencia de las imágenes de las cosas que una experiencia de las cosas mismas. De modo que esta exaltación de la imagen la ha llevado a una suerte de endiosamiento tal que parece que cualquiera de ellas que surja con cierta vocación estética, como es el caso de las imágenes de cine, por sí misma nos pone ante la contemplación abstracta, ingrávidamente suspendida fuera de toda conexión externa, de una suerte de belleza intemporal, desprovista de toda ideología. No sé si una imagen vale más que mil palabras, pero al menos contiene tanto como una palabra. De manera que el argumento que pasa por la "cautivadora" estética de la película, con ese tono sepia y demás, parece que ya de por sí la salva de sí misma, y de toda conexión con cualquier tipo de ideología. Es más, pese a ser 300 una de las películas que con más rotundidad, y creo que también convicción, juega con determinados conceptos (el honor, la guerra, la virilidad, el sacrificio, etc.), navegando un poco por internet he detectado una cierta tendencia a considerarla una película estéticamente llamativa pero vacía de contenido o todo lo más frívola e intranscente.
El hecho es que parecemos olvidar con demasiada frecuencia que las ideologías totalitarias nunca le han hecho ascos al poderío estético de las imágenes, sino todo lo contrario: lo han cultivado hasta extremos delirantes. Y en el caso concreto de 300 creo que estamos ante un caso de película más que comprometida con una ideología, la del ultraconservadurismo yankee y su consabido belicismo, y el potencial estético de la película también juega sus bazas en ese sentido. De ahí la continua exaltación del físico perfecto, del atleta como perfecta máquina de guerra, la invasión de la sangre, los tonos rojizos, la sospechosa forma de los malvados persas, así como la deformidad de algunos malos malosos, entre mil detalles de ese corte. Baste observar esos títulos de crédito finales, con música estridente, y motivos militares trazados con rasgos sencillos, muy lineales, pero agresivos, donde predomina la superposición de los colores rojo y negro. No sé lo que les habrá recordado a los demás, pero a mí todo eso no me parece precisamente inspirado en la tripleta dórico, jónico y corintio, sino en algo mucho más reciente, y cuya sola mención me da pavor.
Por otra parte, debo decir que yo no he leído el cómic de Frank Miller, pero movido por la curiosidad tuve la oportunidad de echarle un vistazo en la FNAC de la calle Preciados y me pareció que bastaba con hojear un poco para darse cuenta de que ideológicamente no es nada ambiguo, como tampoco lo es la estética por la que opta. Y conste que yo no digo que el tipo no sea un genio, puesto que gentes mucho más puestas que yo en el tema así lo consideran, pero eso no quita que lo que me muestra me dé bastante grima. Observé que el guión de la película alternaba entre unos descaradamente divertidos guiños al público gay (antológico aquello de "no es la fuerza de mi látigo lo que teme mi pueblo", que si no recuerdo mal así lo subtitulaban) y una serie de motivos que se repetían a la manera de una ópera. Entre estos últimos la continua definición de los personajes como espartanos o persas, con una especie de esencialismo inherente a una u otra condición, y otro no tan comentado, pero que me llamó mucho más la atención: el personaje cuya voz en off cuenta la historia repite cada cierto tiempo un obsesivo leit motiv ("marchamos, marchamos"... we march, we march...); pues bien, no pude evitar acordarme de que una vez oí por la radio un reportaje sobre la música neonazi y había una canción cuyo estribillo repetía prácticamente lo mismo, con voz agresiva acompañada de una música que no distaba tanto de la que se oye en los créditos finales. Se da el caso de que cada vez creo menos en la casualidad de las afinidades electivas.
En cuanto al argumento que pasa por defender que lo que nos cuenta la película es un episodio histórico, basta recordar que tanto el creador del cómic como el director han declarado abiertamente que su propósito no era recrear con fidelidad el episodio de las Termópilas, pero eso no me importa demasiado, de no habernóslo advertido ellos mismos, la propia desmesura de lo que se plantea ya se hubiera encargado de hacerlo. Sí me importa mucho más aquello que nunca se dice y que casi siempre suele estar detrás de casi cualquier argumento que se basa en el verismo histórico. Pongamos por caso la costumbre espartana con la que arranca la película, consistente en deshacerse de los débiles desde el nacimiento y dejar sobrevivir sólo a los más fuertes. Nadie puede negar que se trata de una costumbre confirmada por la historia, al fin y al cabo. Ahora bien, lo que me ha movido a escribir esta entrada son dos preguntas cuya respuesta no me atrevo a aventurar por miedo a lo que intuyo que hay detrás: ¿por qué precisamente, entre milenios y milenios de historia, fijarnos de pronto en eso? Y lo que me deja con la sensación de estar interrogando a aquellos que me hayan seguido hasta aquí desde el borde de un abismo, la más insidiosa y preocupante de las preguntas... ¿por qué precisamente ahora?

11 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Bueno, creo que esa pregunta conspiranoica del final demuestra un gran olvido respecto a muchos otros blockbusters del mismo talante ( veanse películas como Pearl Harbor o mierdas de menor presupuesto como todas las que ha hecho Seagal hasta la fecha ).
Me parece que esta movie surge por tres razones: Primero, que el comic está de moda, Segundo, que la obra de Miller desde SinCity es algo así como garantía de calidad, y Tercero, el Señor de los Anillos puso de moda forrarse con el cine de batallas y cada cinco meses tienen que sacar una del estilo.
Así que aludir a supuestas "manos en la sombra" me parece algo teatral y poco real.

Dicho esto decir, que muchas escenas de la película me gustaron pero que en conjunto es un coñazo insoportable. Y que creo que, como tantas otras del género de superheroes, parten de una idea totalitaria: la de que yo tengo la verdad y reparto ostias amparado en eso. Y si eso no te gusta o mejor no vayas o hagas como yo, disfrutar con un buen parque temático visual.

Recomendar encarecidamente la primera obra de Snyder, ua verdadera joya del cine social de zombis.

28 abril, 2007 20:18  
Anonymous Anónimo said...

desde luego se trata de una peli perteneciente al género "cine de ostias" y la estética marcial no veo por qué te inquieta...¿esperabas unos espartanos con jersey de cuello vuelto?.

Y sobre todo me cuesta entender tus preguntas finales...sospecho que te refieres a la identificación de siempre con el conflicto EEUU-Islamismo. Si es así yo resaltaría el hecho de que en esta peli los espartanos, aun siendo "fascistas" (palabra comodín hoy en día, como freaky...todo es fascista, aunque sea algo anterior al siglo XX...en fin...) en sentido moral dentro de su comunidad, en esta peli decía, lejos de practicar el imperialismo fascista lo que hacen es "resistir" una invasión (que es la que se podría interpretar como fascista). O sea, es como llamar facistas a los braveheart esos de la peli de Mel.
O por ejemplo, no se dice que la penosa Alatriste (cuyo final guarda gran similitud con el de esta historia) es fascista cuando ahí sí que los protagonistas estaban guerreando por esos mundos de Dios...fascisteandillo ya en el siglo XVII.

28 abril, 2007 20:54  
Anonymous Anónimo said...

Nota: Domingo por la mañana. En el Suplemento dominical del Ideal, Pérez Reverte escribe un artículo sobre este asunto llamado "Eran los nuestros". Y yo pondría mi firma en esa página.

29 abril, 2007 13:19  
Blogger Montaigne granadino said...

Ay, como suponía que esto iba a generar polémica no quería contestar para no hacerlo interminable, pero un par de cosillas sí quisiera añadir.
Para empezar, no veo en ninguna parte que en mi entrada se aluda a ninguna "mano en la sombra" ni a ninguna conspiración paranoica. Creo que existe un imperialismo yankee de tono belicoso y fascistoide, y que éste produce constantemente sus propios símbolos, imágenes, ideas... Y el cine es un medio que siempre ha sido utilizado para influir en nuestro imaginario, muchas veces bajo el marchamo de cierta inocencia estética, no sé si me explico. El caso es que no creo que eso se haga en la sombra, sino de manera muy explícita, al menos en 300, y hasta me parece un ejercicio muy sano tenerlo presente. Luego que cada cual lo valore como crea conveniente. A mí por lo menos, el discurso de 300, me parece que se sustenta sobre cosas que detesto, y no me considero ni mucho menos un paranoico por decirlo.
Y sí, completamente de acuerdo, la cosa no va sólo de 300, podría haber escrito sobre esa película como de otras mil más. Si he escrito sobre esta peli ha sido, simple y llanamente, porque me apetecía. El caso es que últimente me ha dado por analizar ideológicamente lo que veo, y eso, a veces, me deja en mal lugar ante cosas que incluso en un momento dado me han enganchado a través de su espectacularidad. De un tiempo a esta parte me ha dado por hacerme ciertas preguntas, qué le voy a hacer, me surgen solas. Alguien me dijo, aun admitiendo el tono fascistoide de la película, que era estupenda si tomabas cierta distancia. Pues supongo que sí, lo que me pasa es que cada día me cuesta más tomar distancia y disfrutar sólo de parque temático visual. No sé hacerlo, y además no quiero.

30 abril, 2007 10:37  
Blogger Montaigne granadino said...

En cuanto a Raúl,
creo que has confundido mi comentario de la película con una disertación histórica sobre los espartanos, cosa que no se me ha pasado por la cabeza y que no sabría hacer.
Esa "palabra comodín" que tú dices que empleo (si te gusta más, llámalo "X") no se refiere a los espartanos de Esparta, sino a los de Zack Snyder, que sí que son posteriores al siglo XX (¿acaso crees que me tomo "Alatriste" como un documental histórico?).
No entraré en tu argumento sobre los "fascistas" en sentido moral en su comunidad, mejor dejo que cada cual lo juzgue por sí solo.
Y en cuanto a Mel Gibson, ay, éramos pocos y parió la abuela...

30 abril, 2007 10:49  
Anonymous Anónimo said...

Vaya, creo que una lectura más atenta de mi comentario habría evitado tu réplica porque ya me cuidé bastante de escribir "en esta peli los espartanos..." y más adelante recordar "en esta peli decía..." para dejar claro que me refiero a los espartanos de Snyder, cuestión que no se me escapó. A lo mejor tendría que haber resaltado más eso, no sé, ponerlo en mayúscula, en negrita... Como también el decir "los protagonistas" de Alatriste y no "las imágenes de archivo" de Alatriste deberían haber aclarado que hablo de los personajes de Reverte/Yañez y no de lo que pudiera ocurrir realmente en Flandes, caramba.

Y siendo así, vuelvo a recordar que EN ESTA PELI (o sea, los espartanos de Snyder) los personajes guerrean feroz y virilmente pero en defensa propia, no invaden. Entonces, lo que creo que está claro es que el argumento de la película no tiene ninguna importancia en esta polémica sino más bien el tono, la estética, los valores que el film muestra. Segregado pues el contenido de esos valores (algo complicado pero en fin), quedándonos sólo con la forma a mí me resulta imposible hacer ningún comentario. Por tanto, llegados a este punto, reconozco haberme equivocado al pretender adentrarme en el "argumento" de la peli y me parece muy bien que no te gusten los símbolos, la sangre, los gritos, las consignas, las espadas,... Si se trata de eso, repito, no debería haber creído que el problema era la historia de Snyder sino TODO ESE TIPO DE PELICULAS (de muchos y variados argumentos) que no sólo en estos días de conservadurismo yankee sino "de siempre" se han venido exhibiendo. Razón para no entender ese "por qué precisamente ahora" de tu pregunta final.

30 abril, 2007 13:52  
Blogger Montaigne granadino said...

Precisamente ahora hay una revitalización del Péplum, ¿o no?, y me pregunto por qué esa insistencia en resaltar -apropiándoselos en evidentes (o veo que no tan evidentes) anacronismos- determinados modelos del pasado Y eso que tú "segregas" a ti te parece difícil, a mí imposible, porque la forma al fin y al cabo contiene, dice, etc.
Y he leído perfectamente tu comentario, en el que me achacabas hablar de fascismo antes del siglo XX (se puede ver arriba), más o menos con carácter retroactivo. Por eso te he aclarado que hablaba de los espartanos de Snyder, que son del siglo XXI, EN ESTA PELÍCULA, y se comportan como tales ya que, por muy basados que estén en gentes del siglo V a.C., no dejan de ser muy modernos. Por eso el argumento histórico no me parece relevante, porque lo que quiero decir es que lo que cuenta la peli es historia, como todo, pero muy del siglo XXI (también la estética es histórica).
En caulquier caso da igual, yo creo que ya he dicho todo lo que podía, salvo que he leído el artículo de Pérez Reverte. Me ha hecho gracia porque empieza admitiendo que no ha visto la película, y pasa a resaltar a continuación que esa panda de incultos políticamente correctos (¿me incluyo?) ya andan enredando, pero él, para empezar, escribe mal el nombre del director (nada que a su laureada escritura no le hubiese solucionado el Google, como a cualquier hijo de vecino). Luego lleva la discusión al papel histórico de esos 300 espartanos, cuya interpretación está bien, pero al menos yo he entendido que la gente que ha puesto de manifiesto el fascismo de la película -yo también- estábamos hablando justamtente de eso, de la película, no de las Termópilas ni de Salamina, cuestiones sobre las que nos alecciona Pérez Reverte, al que respeto, pero que no era la nuestra ni por asomo.
Como su estilo es pegadizo yo concluiría, con pesar, con eso de "es que estos también son los nuestros" (lo de "imbéciles" me lo ahorro, como procedería a continuación para que el plagio fuese completo, pero ya sabe laq ligereza con la que actuamos estos mentecatos adalides de lo políticamente correcto).

30 abril, 2007 14:09  
Blogger Montaigne granadino said...

Perdón, he dicho que la interpretación de Pérez Reverte está bien. Según para quienes, claro, yo he salido feucho y no tan parecido a mis papás espartanos como él. Lo que se dice un hijo desagradecido, vamos (me da que Pérez Reverte cambiaría ese adjetivo, "desagradecido", por un Complemento del nombre introducido por la preposición "de", que ya se sabe que domina la lengua a lo Quevedo).
Aparte de eso, su estilo literario ya es un poco cansino, ¿no?

30 abril, 2007 14:28  
Anonymous Anónimo said...

Entonces, si a tí también te parece más que complicado segregar el contenido de esa forma "fascista" (marcial, feroz, uniformada, tradicionalista,...), entonces no deberíamos olvidar que esa forma, actitud "fascista" (lo siento pero me rechina utilizar un concepto político-histórico para cuestiones estéticas) responde a una situación de resistencia frente a una invasión. O sea, que de "imperialismo yankee" nada de nada. Imposible. En todo caso, crítica al imperialismo. A los extranjeros que nos quieren invadir. En todo caso....
Me temo que esa actitud fascistoide, esa "cara de perro" frente al enemigo, ese maniqueísmo, esa estética neonazi se debe a un cierto estilo narrativo. Y no hay más. Se trata, al fin, de una historia de peleas. Es que es eso: un peplum, solo que hecho por alguien que tiene un estilo tan cruento ("fascista") como pueda tenerlo un director de "cine gore" o un escritor de novela policíaca hoy en día. Es un sello estilístico que desde luego no a todos nos gusta, pero no indica nada más allá. Creo yo.

30 abril, 2007 17:10  
Anonymous Anónimo said...

Por otro lado (tengo la tecla fácil, ya sabes, disculpa mi excesiva escritura) creo que llamar fascista a este tipo de películas es llamar fascistas a los que se divierten con ellas. Y desde luego no creo que sea el caso. Las personas que consumen estas pelis y estas "estéticas" marciales (y creo que tenemos conocidos comunes que responden a este tipo humano) no son fascistas, por Dios. Eso es lo que me llega a incomodar de la profusión de ese calificativo. Si empezamos a llamar fascismo a eso, qué palabra usaremos para algo que verdaderamente sea más digno de ello (y desgraciadamente ejemplos no faltan).

Y además parece como si porque, por poner un ejemplo, los nazis destacaran en marketing y diseño (heredado, por cierto, de la vanguardia alemana anterior y exiliada, o sea, anti-nazi) utilizar ahora sus "logros" (pongámosle todas las comillas que se quiera) estéticos para otros contenidos a-políticos tiene que ser adhesión, cuando lo que ocurre generalmente hoy en día es justo lo contrario: una total despolitización e indeterminación ideológica con ausencia de valores, mitos, etc... ya sea esto visto positiva o negativamente.

Ejemplo (para mí sublime) de canción anti-fascista o anti-bélica es "War pigs" y no me veas la estética neo-nazi que se gastaron los Black Sabbath.

Creo, Montaigne, que habría que resignarse a una "inocencia estética" en la mayoría de los casos.

30 abril, 2007 17:38  
Blogger Montaigne granadino said...

A lo que me resignaba yo era a no continuar este debate porque, como dejé dicho arriba, creo que ya he dicho todo lo que tenía que decir, y la dichosa astenia primaveral (que el otro día me explicaron lo que era)y el trabajo me tienen realmente bajo mínimos.
Ahora bien, si vuelvo a escribir -y aquí sí que voy a poner un punto y final- es porque jamás se me ha ocurrido llamar fascistas a los que se divierten con esas películas. Incluso he hablado de ella con más de uno de ese "tipo humano" que mencionas, y nadie ha pensado que le estuviera llamando fascista, ni se ha sentido ofendido por mis palabras. Eso sí que no. Como decía en la entrada, creo que está claro que es la espectacularidad de este tipo de películas lo que atrae a la gente(a mí también, aunque últimamente me plantee ciertas cosas que antes no me planteaba), pero no su fascismo. Hay personas que no lo detectan por ninguna parte, y yo lo veo en cada escena, ¿qué vamos a hacerle? La conciencia que yo pueda tener de determinados fenómenos -o mi candidez con respecto a los mismos, que ambas cosas me definen por igual- no tengo por qué callármela con mis amigos. Al fin y al cabo no le pongo a nadie el calificativo de "imbecil" y luego, una vez descalificado el otro y convenientemente emplazado en esa condición, suelto mi discurso, como algún ejemplo de columnista que ha salido aquí suele hacer habitualmente; yo estoy francamente harto de que la mala educación se confunda con la inteligencia, y de tener que ser políticamente correcto o dejar de serlo ante según quiénes, qué pereza.
Eso sí, me gustan películas -y mucho- que a algunas personas a las que quiero les parecen deleznables ideológicamente. Las discusiones sobre cine a veces pueden ser apasionadas, pero no construimos la amistad sobre simplismos, caray.

30 abril, 2007 18:20  

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