<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss'><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431</id><updated>2009-10-14T15:43:28.363+02:00</updated><title type='text'>Un hombre dice no (las crónicas de un Montaigne granadino)</title><subtitle type='html'>"Es este un libro de buena fe, lector.
De entrada te advierto que con él no me he propuesto otro fin que el doméstico y privado. En él no he tenido en cuenta ni el servicio a ti, ni mi gloria. No son capaces mis fuerzas de tales designios [...]. Así, lector, yo mismo soy la materia de mi libro: no hay razón para que ocupes tu ocio en tema tan frívolo y vano. Adiós pues."
               (Michel de Montaigne)</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><link rel='next' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default?start-index=26&amp;max-results=25'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>41</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>25</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-3484797689104688873</id><published>2007-05-06T11:37:00.000+02:00</published><updated>2008-12-11T20:38:01.409+01:00</updated><title type='text'>Sobre una mañana de domingo (o algo sobre música)</title><content type='html'>&lt;a href="http://3.bp.blogspot.com/_pMM641gcY1E/Rj2ixXEqXFI/AAAAAAAAAAU/Y2dQPyiShGM/s1600-h/musica.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5061380525125164114" style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://3.bp.blogspot.com/_pMM641gcY1E/Rj2ixXEqXFI/AAAAAAAAAAU/Y2dQPyiShGM/s400/musica.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; &lt;div align="justify"&gt;Para Violante, por unanimidad ;-)&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Acabo de cumplir años. Gracias a todos, guapos. Hoy hace una preciosa mañana de domingo y mi no muy bien cuidado corazón se distrae meditando huidas imposibles (¿o no tan imposibles?) hacia otras ciudades, otras calles, otra vida... cicatrizar sin más, y no morir en el intento. Pero a pesar de todo la gratitud siempre es practicable. Ayer recibí como regalo &lt;em&gt;El mito de Sísifo&lt;/em&gt;, de Albert Camus, cuyas primeras palabras contienen una observación tan sencilla, tan obvia, como deslumbrante: "No hay sino un problema filosófico realmente serio: el suicidio. Juzgar que la vida vale o no la pena de ser vivida equivale a responder a la cuestión fundamental de la filosofía. El resto, si el mundo tiene tres dimensiones, si las categorías del espíritu son nueve o doce, viene después. Se trata de juegos; primero hay que responder."&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Yo hoy ni siquiera tengo que esforzarme mucho, pues en lugar de responder recibo una respuesta. Mis amigos me regalan varios discos que ya me veo escuchando impacientemente, cada cual con más placer. Entre ellos, un viejo amigo me regala el tercer disco de &lt;em&gt;The Velvet Underground&lt;/em&gt; (de idéntico título), de 1969. Me lo define como un disco de sonido "tranquilo y neoyorquino", algo a lo que nunca me resistiría. Por supuesto que no voy a cometer la injusticia de comparar regalos, pues todos me gustan muchísimo, pero sé que me comprenderán si digo que éste me resulta especial por diversos motivos: porque me lo ha regalado un amigo del colegio que me dio una gran alegría viniendo a celebrar mi cumple, porque el tío se había quedado con un comentario medio distraído que le hice una vez acerca de mis gustos musicales y se acordaba de que me va la &lt;em&gt;Velvet&lt;/em&gt;, y eso es todo un detalle, porque no lo tenía y, porque, caray, es un discazo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En el famoso disco con la portada del plátano diseñada por Andy Warhol (como es sabido, también productor del mismo) se encuentra la preciosa "Sunday morning", que ayer también apareció en las conversaciones entre trago y trago. Mientras escribo también transcurre una mañana de domingo. He puesto un ramo de flores en el salón y he dejado que la imprescindible voz de Lou Reed cante la maravillosa "Pale blue eyes" ("Sometimes I feel so happy / sometimes I feel so sad"...), algo más de cinco minutos y medio en los que nada hay que lamentar, en los que todo sucede, fluye, es dado. Pasa la contenida "Jesus" y me emociono después con aquello de "Wine in the morning / and some breakfast at night / well I'm beginning to see the light"...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Andaba yo muy metido en polémicas últimamente y la entrada de hoy me ha salido más parecida a la página de ese diario íntimo que nunca he escrito. Porque sí, porque me apetecía. Hay quienes saben que en determinados momentos sólo existe un problema realmente serio: ¿le mojaban los Kinks la oreja a los Beatles?&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-3484797689104688873?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/3484797689104688873/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=3484797689104688873&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/3484797689104688873'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/3484797689104688873'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2007/05/sobre-una-maana-de-domingo-o-algo-sobre.html' title='Sobre una mañana de domingo (o algo sobre música)'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://3.bp.blogspot.com/_pMM641gcY1E/Rj2ixXEqXFI/AAAAAAAAAAU/Y2dQPyiShGM/s72-c/musica.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-3902272070784889861</id><published>2007-04-27T14:00:00.000+02:00</published><updated>2008-12-11T20:38:01.747+01:00</updated><title type='text'>Sobre 300, de Zack Snyder (o cómo quedarse pasmado)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://1.bp.blogspot.com/_pMM641gcY1E/RjHnB3EqXEI/AAAAAAAAAAM/TDUPk_9yHRg/s1600-h/Trescientos_300_Miller_Frank__376938.jpg"&gt;&lt;img id="BLOGGER_PHOTO_ID_5058077875663166530" style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://1.bp.blogspot.com/_pMM641gcY1E/RjHnB3EqXEI/AAAAAAAAAAM/TDUPk_9yHRg/s320/Trescientos_300_Miller_Frank__376938.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Prácticamente me habían abandonado las ganas de volver a escribir en este blog cuando de pronto me da por pensar en cosas sencillitas, como la amistad. La amistad, sí, esa cosa que suelo cultivar cada vez que puedo, por ejemplo, en los bares. Y es sabido, ay, que en ese juego de azares de los afectos cuesta lo suyo mantener un día sí y otro también las simpatías de aquellos a los que uno quiere, y muy poco prender la mecha. Para eso último casi que ya tengo este blog. Pues bien: mecha al canto. Pese al entusiasmo más o menos general que detecto a mi alrededor, el jarro de agua fría que me supuso ver &lt;em&gt;300 &lt;/em&gt;tardaré mucho en olvidarlo. Tanto que hasta me he decidido a escribir para ver si me libero de cierto regusto -más que amargo, amarguísimo- que me dejó la peliculita de marras de una puñetera vez. Es una paradoja de psiquiatra la mía, puesto que de todo lo que he visto últimamente, pienso que es la adaptación del cómic de Frank Miller lo que más méritos ha acumulado en mi revuelto cerebro para ser olvidado. Pero para eso también se puede escribir, ¿no?.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo primero, mi experiencia al ver la película está afortunadamente muy mediatizada: me encontraba yo en Madrid, pasando la semana con mis trabajillos, una última tarde de lunes tras haber terminado lo que tenía que hacer, pensando excusas para volver pronto a la capital, donde si uno quiere no se aburre, y en esto que salgo por la boca de Metro de Tirso de Molina sin ningún plan cuando paso junto a la puerta de los Cines Ideal, cuya cartelera ya había explotado todo lo que había podido y más en días previos, y veo que la única copia en versión original de todo el país la exhiben precisamente allí. Perfecto, ¿por qué no? Cuando vi los trailers ya me habían dejado un tufillo que no me gustaba demasiado, pero hay que viajar antes de opinar, dicen, y al fin y al cabo soy feliz yendo al cine a cientos de kilómetros de mi casa, y solo, que así de &lt;em&gt;snob&lt;/em&gt;, superpedante y lleno de poses, acaba por ser uno. Total, compro la entrada, pero aún quedaban dos horas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En esto que vuelvo al Hostal a tumbarme en la cama y caigo en la cuenta de que el martes es justamente el día que cierra el Museo Reina Sofía. Mal asunto, porque el martes por la tarde volvía a Granada y tenía bastante interés por volver a ver el &lt;em&gt;Guernica&lt;/em&gt;. Echando hostias cojo el Metro, pago mis 6 eurazos a toda velocidad, puesto que no me parece tener tiempo suficiente para tratar de colarle a la empleada de la taquilla que soy estudiante o menor de edad, cada vez me parezco más a lo que soy, me temo, y encima la parada de Atocha junto al Museo en obras, para tardar más y darle un brillo repentino, como de amor verdadero o de aventura contrarreloj, a mi rapidísima incursión. Veo el cuadro apenas tres minutos, suficiente para confirmar que es tan espléndido como lo recordaba, pero muy corto, cortísimo, para poder quedarse allí pensando en algo más o menos coherente. Vuelvo sudando a mares a través de ese adelantado e indiscretísimo verano madrileño hasta el cine. Total, ya llego cinco minutos tarde, pero ha sido una proeza llegar, así que me premio con unas palomitas, por aquello del cine espectáculo. Mi deslucido y sudado cuerpo se ve de pronto ante un festín de músculos que en mi fuero interno me hacen sentir levemente humillado (levemente siempre es un eufemismo, claro), pues además de no ser precisamente un Adonis, uno había llegado al cine hecho un auténtico despojo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Menos mal que compré un botellín de agua, vuelvo a convertirme en un ser debidamente hidratado, con mi típica composición de casi el 80 % de agua, o lo suficientemente hidratado al menos como para recuperaz la lucidez mínima que no tuve ante el &lt;em&gt;Guernica&lt;/em&gt;. Había oído hablar del tono fascistoide de la película. Pues bien, no comparto esas críticas en absoluto. Igual es que estoy fatal, que todo puede ser, pero también hay suavidad en lo de "fascistoide"´. A &lt;em&gt;300&lt;/em&gt; le cabe el mérito de haberme mostrado en mi vida, al menos, la diferencia visual entre lo fascistoide y lo directamente fascista. Una película excesiva, dicen, así que yo tampoco, ¡ay Espartanos nacidos para la gloria!, estoy por suavizarme demasiado.&lt;br /&gt;Del antifascismo al fascismo en menos de media hora (concretamente en lo que va de Atocha a Tirso de Molina), demasiado para mi maltrecho y acomplejado cuerpo. &lt;em&gt;300 &lt;/em&gt;me ha deprimido con el paso de los días, porque veo hasta qué punto la espectacularidad anula nuestra percepción de ciertos fenómenos. Y en esta enfermiza deriva de llevar la contraria en la que me he metido, ¡ay otra vez Espartanos cenando &lt;em&gt;in Hell&lt;/em&gt;!, oigo que si es que es que está basada en un cómic, que si sólo por su poderío estético ya merece la pena, que si la historia dice esto o lo otro... Calma, corazón. Calma y ve por partes, anda.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Vivimos en un mundo que produce imágines de manera tan vertiginosa que, como no hace mucho le oí decir a José Saramago, nuestra experiencia es ya más una experiencia de las imágenes de las cosas que una experiencia de las cosas mismas. De modo que esta exaltación de la imagen la ha llevado a una suerte de endiosamiento tal que parece que cualquiera de ellas que surja con cierta vocación estética, como es el caso de las imágenes de cine, por sí misma nos pone ante la contemplación abstracta, ingrávidamente suspendida fuera de toda conexión externa, de una suerte de belleza intemporal, desprovista de toda ideología. No sé si una imagen vale más que mil palabras, pero al menos contiene tanto como una palabra. De manera que el argumento que pasa por la "cautivadora" estética de la película, con ese tono sepia y demás, parece que ya de por sí la salva de sí misma, y de toda conexión con cualquier tipo de ideología. Es más, pese a ser &lt;em&gt;300 &lt;/em&gt;una de las películas que con más rotundidad, y creo que también convicción, juega con determinados conceptos (el honor, la guerra, la virilidad, el sacrificio, etc.), navegando un poco por internet he detectado una cierta tendencia a considerarla una película estéticamente llamativa pero vacía de contenido o todo lo más frívola e intranscente.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El hecho es que parecemos olvidar con demasiada frecuencia que las ideologías totalitarias nunca le han hecho ascos al poderío estético de las imágenes, sino todo lo contrario: lo han cultivado hasta extremos delirantes. Y en el caso concreto de &lt;em&gt;300&lt;/em&gt; creo que estamos ante un caso de película más que comprometida con una ideología, la del ultraconservadurismo &lt;em&gt;yankee&lt;/em&gt; y su consabido belicismo, y el potencial estético de la película también juega sus bazas en ese sentido. De ahí la continua exaltación del físico perfecto, del atleta como perfecta máquina de guerra, la invasión de la sangre, los tonos rojizos, la sospechosa forma de los malvados persas, así como la deformidad de algunos malos malosos, entre mil detalles de ese corte. Baste observar esos títulos de crédito finales, con música estridente, y motivos militares trazados con rasgos sencillos, muy lineales, pero agresivos, donde predomina la superposición de los colores rojo y negro. No sé lo que les habrá recordado a los demás, pero a mí todo eso no me parece precisamente inspirado en la tripleta dórico, jónico y corintio, sino en algo mucho más reciente, y cuya sola mención me da pavor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por otra parte, debo decir que yo no he leído el cómic de Frank Miller, pero movido por la curiosidad tuve la oportunidad de echarle un vistazo en la FNAC de la calle Preciados y me pareció que bastaba con hojear un poco para darse cuenta de que ideológicamente no es nada ambiguo, como tampoco lo es la estética por la que opta. Y conste que yo no digo que el tipo no sea un genio, puesto que gentes mucho más puestas que yo en el tema así lo consideran, pero eso no quita que lo que me muestra me dé bastante grima. Observé que el guión de la película alternaba entre unos descaradamente divertidos guiños al público gay (antológico aquello de "no es la fuerza de mi látigo lo que teme mi pueblo", que si no recuerdo mal así lo subtitulaban) y una serie de motivos que se repetían a la manera de una ópera. Entre estos últimos la continua definición de los personajes como espartanos o persas, con una especie de esencialismo inherente a una u otra condición, y otro no tan comentado, pero que me llamó mucho más la atención: el personaje cuya voz en &lt;em&gt;off&lt;/em&gt; cuenta la historia repite cada cierto tiempo un obsesivo &lt;em&gt;leit motiv&lt;/em&gt; ("marchamos, marchamos"... &lt;em&gt;we march, we march...&lt;/em&gt;); pues bien, no pude evitar acordarme de que una vez oí por la radio un reportaje sobre la música neonazi y había una canción cuyo estribillo repetía prácticamente lo mismo, con voz agresiva acompañada de una música que no distaba tanto de la que se oye en los créditos finales. Se da el caso de que cada vez creo menos en la casualidad de las afinidades electivas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En cuanto al argumento que pasa por defender que lo que nos cuenta la película es un episodio histórico, basta recordar que tanto el creador del cómic como el director han declarado abiertamente que su propósito no era recrear con fidelidad el episodio de las Termópilas, pero eso no me importa demasiado, de no habernóslo advertido ellos mismos, la propia desmesura de lo que se plantea ya se hubiera encargado de hacerlo. Sí me importa mucho más aquello que nunca se dice y que casi siempre suele estar detrás de casi cualquier argumento que se basa en el verismo histórico. Pongamos por caso la costumbre espartana con la que arranca la película, consistente en deshacerse de los débiles desde el nacimiento y dejar sobrevivir sólo a los más fuertes. Nadie puede negar que se trata de una costumbre confirmada por la historia, al fin y al cabo. Ahora bien, lo que me ha movido a escribir esta entrada son dos preguntas cuya respuesta no me atrevo a aventurar por miedo a lo que intuyo que hay detrás: ¿por qué precisamente, entre milenios y milenios de historia, fijarnos de pronto en eso? Y lo que me deja con la sensación de estar interrogando a aquellos que me hayan seguido hasta aquí desde el borde de un abismo, la más insidiosa y preocupante de las preguntas... ¿por qué precisamente ahora?&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-3902272070784889861?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/3902272070784889861/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=3902272070784889861&amp;isPopup=true' title='11 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/3902272070784889861'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/3902272070784889861'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2007/04/sobre-300-de-zack-snyder-o-cmo-quedarse.html' title='Sobre 300, de Zack Snyder (o cómo quedarse pasmado)'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><media:thumbnail xmlns:media='http://search.yahoo.com/mrss/' url='http://1.bp.blogspot.com/_pMM641gcY1E/RjHnB3EqXEI/AAAAAAAAAAM/TDUPk_9yHRg/s72-c/Trescientos_300_Miller_Frank__376938.jpg' height='72' width='72'/><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>11</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-5500754367970540163</id><published>2007-01-21T13:21:00.000+01:00</published><updated>2007-01-21T14:26:23.715+01:00</updated><title type='text'>Sobre una meme que me mandó hacer Violante</title><content type='html'>&lt;a href="http://www.mke.hu/lyka/05/e5p317.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; WIDTH: 320px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://www.mke.hu/lyka/05/e5p317.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;1. ¿Qué hiciste en 2006 que no habías hecho antes?&lt;/strong&gt; &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cambiar de planes.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;2. ¿Tienes algún propósito para el nuevo año?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Demasiados buenos propósitos, demasiadas malas intenciones. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;3. ¿Alguien cercano tuvo hijos?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi hermana, y el regalo se llama Celia.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;4. ¿Alguien cercano murió?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No, y toco madera.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;5. ¿Qué países visitaste?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Inglaterra y el Reino de Violante, si es que no son la misma cosa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;6. ¿Qué te gustaría hacer en 2007 que no hiciste este año?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Armarme de valor.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;7. ¿Qué día fue memorable y por qué?¿Memorable positiva o negativamente?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El día en que nació mi sobrina fue memorable positivamente. Aparte de eso, demasiados días memorables, tanto positivos como negativos, para una sola persona. Se impone sobrevivir.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;8. ¿Mayor logro?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Conseguirlo al fin.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;9. ¿Mayor fracaso?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Perderlo de inmediato.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;10. ¿Sufriste enfermedades y lesiones?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Estoy en ello.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;11. ¿Qué fue lo mejor que compraste?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Algún billete de avión, de autobús...unos mazapanes toledanos de la hostia. &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;12. ¿El comportamiento de quién mereció un premio?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por supuesto, de Violante. A los demás se lo he dicho en privado, que sé que les gusta más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;13. ¿El comportamiento de quién te deprimió?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No estoy de humor para eso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;14. ¿En qué gastaste la mayor parte del dinero?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En maravillosas cosas inútiles.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;15. ¿Qué te excita?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Qué puede ser quién.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;16. ¿Qué canción te recordará siempre 2006?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¡Uf! "Ocho y medio", de Nacho Vegas. Ya no hay remedio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;17. En comparación con el año pasado eres:&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;¿Más feliz o más triste?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Más tragicómico.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;¿Más delgado o más gordo?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Más gordo (cagüentó).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;¿Más rico o más pobre?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Menos de clase media.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;20. ¿Qué querrías haber hecho más?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Trabajar menos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;21.¿Qué querrías haber hecho menos?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Esperar más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;22. ¿Cómo estás pasando las navidades?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No tiene mucho sentido a estas alturas: perdón por el retraso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;23. ¿Te enamoraste en 2006?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¡Ays!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;24.¿Cuántas chicas de una noche?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Diez mil... ¿cuela?&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;25. ¿Programa de televisión favorito?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No nos pongamos tan vulgares.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;26. ¿Odias a alguien que no odiabas antes?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Soy demasiado perezoso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;27. ¿Cuál fue el mejor libro que leíste?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Probablemente &lt;em&gt;Sin destino&lt;/em&gt;, de Imre Kerstesz... ¿por qué me resulta tan molesta esta pregunta? &lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;28. ¿Cuál fue tu mayor descubrimiento musical?&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;¡Atiza! ¡He descubierto a The Kinks!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;29. ¿Qué querías y tuviste?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Todo lo que no hice méritos para merecer.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;30. ¿Cuál fue tu película favorita del año?&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Una sola no puedo: &lt;em&gt;Desayuno en Plutón&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Infiltrados&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;Brokeback Mountain&lt;/em&gt;, &lt;em&gt;La noche de los girasoles&lt;/em&gt;... y me dejo un buen puñado.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;31. ¿Qué hiciste en tu cumpleaños y cuántos años tienes?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hice las maletas, y tengo 27.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;32. ¿Qué cosa habría hecho tu año mucho más satisfactorio?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;La palabra &lt;em&gt;sí&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;33. ¿Cómo describirías tu forma de vestir en el 2006?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pongo más esmero en mi forma de desvestir, que es más indescriptible.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;34. ¿Qué te mantiene cuerdo?&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;Los amigos, las ideas, la música, los libros, los laberintos en los que hay que meterse para distraer el miedo...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;35. ¿Qué famoso disfrutaste más?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Esta pregunta es coña, ¿no?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;36. ¿A quién echas de menos?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;¡Ays!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;37. ¿Quién fue la mejor persona que has conocido este año?&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sospecho que personalidades pseudoanónimas que me cruzo casi todos los días. Intento cultivar un patrimonio de buenas personas a mi alrededor. En eso tengo suerte.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;strong&gt;38. Di una lección aprendida en 2006:&lt;/strong&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Que no se me da bien aprender lecciones, que prefiero los destellos. Y que a algunas personas nos gusta la música &lt;em&gt;casi&lt;/em&gt; tanto como a ti, Violantilla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Un abrazo&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-5500754367970540163?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/5500754367970540163/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=5500754367970540163&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/5500754367970540163'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/5500754367970540163'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2007/01/sobre-una-meme-que-me-mand-hacer.html' title='Sobre una meme que me mandó hacer Violante'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-116687813117452332</id><published>2006-12-23T13:37:00.000+01:00</published><updated>2006-12-30T13:03:09.964+01:00</updated><title type='text'>Sobre inherencias, crisis, ojos verdes y decadencias de Occidente</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/x/blogger/3647/1783/1600/314439/_services_issues.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/x/blogger/3647/1783/320/675740/_services_issues.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Aún no hace dos semanas desde que he regresado de Salamanca de cierto Congreso en el que se ha debatido, a veces acaloradamente, acerca de -llamémoslo de alguna manera- los presupuestos históricos mediante los cuales nos acercamos al estudio de la literatura. Era una discusión/trampa, pues ya el tema del Congreso llevaba implícito un condicionante que se daba por hecho: "La fractura historiográfica: las investigaciones de Edad Media y Renacimiento desde el Tercer Milenio". No tuve mala suerte, fui razonablemente ignorado, tuve la oportunidad de conocer a una presidenta de mesa que fumaba con una inteligencia indisimulada, y asistí a una sesión en la que el supuesto de la tal "fractura" fue lo único en quedar realmente fracturado, que no la idea de historia misma. Cosas relativamente aburridas que aún debo guardar en la maleta, junto a los folletos turísticos y las tarjetas de los restaurantes. El caso es que yo siempre digo que el trabajo de un medievalista es uno de los trabajos más irónicos que puedan darse: el de glosador de glosas. Y como nada hay en mis medievales desvelos predispuesto para el azar, me daba cuenta de que ese Congreso era un eslabón más en la cadena de interrogantes. Ya dejo el tema salmantino, para no ponerme pesado con el mismo, pero no sin antes recordar cierta frase que escuché en una de las intervenciones, algo así como: "El humor y la curiosidad, dos cualidades inherentes al hombre occidental"...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fue entonces cuando comprendí que mi viaje, al menos el anímico, a esa ciudad ya se había iniciado unas semanas antes en Granada, cuando acudí al teatro a ver la adaptación teatral de una novela polémica, &lt;em&gt;Plataforma&lt;/em&gt;, de Michel Houellebecq. ¿Qué decir? Desde luego que Juan Echanove es un actor impresionante, y que la obra me dio miedo. Miedo del malo. Digamos que el trabajo de Houellebecq me pareció tan redundante como el de un entomólogo que disecciona disecciones de insectos. Es capaz de destripar con una precisión apabullante todo tipo de miserias humanas, de poner la mierda encima de la mesa e incluso de lanzártela a la cara, pero... ¿y luego qué? Pues que el público salía más o menos encantado por esa "provocación por aburrimiento" (así, literalmente, se vendía la obra), u horrorizado por ciertas alusiones no precisamente sutiles al tema de las religiones. Yo era más bién de los segundos, pero lo que me daba miedo de &lt;em&gt;Plataforma&lt;/em&gt; no era su oportunista provocación religiosa, que al fin y al cabo en la obra la llevaba a cabo un personaje que se definía abiertamente como racista. A este ingenuo escribidor, lo que le daba miedo, era la continua apelación al hombre occidental, la construcción, más bien la necesidad de destrucción del mismo que se deja ver hacia el final, de un peligroso arquetipo. ¿Estoy necesariamente instalado en el nihilismo por ser un hombre occidental? ¿no me queda otra que esperar la decadencia y con ella el advenimiento de un nuevo arquetipo? ¿existe realmente una "fractura" que traiga consigo la panacea universal? ¿me salvarán la curiosidad y el humor que se me suponen inherentes? Demasiadas preguntas que me temo no llevan a ninguna parte. O sí, me llevan al menos a detectar un viejo esquema ideológico basado en la dicotomía decadencia/renacer. Un chollo para legitimar ideológicamente todo tipo de atrocidades. Evito ejemplos obvios que mis amigos sabrán encontrar sin demasiado esfuerzo si se molestan en pensar un poquito.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A veces es bueno aligerar el peso de las ideas. Tan sólo un día antes de ver &lt;em&gt;Plataforma&lt;/em&gt; me descubro a mí mismo, que no soy precismente un apasionado de la copla, embelesado al escuchar &lt;em&gt;Ojos verdes&lt;/em&gt; en un concierto de Pasión Vega. Desde entonces mi corazón ha envejecido un poco más de lo esperado, y no es una metáfora. El hombre occidental que llevo dentro anda más preocupado por descubrirse, en una falta absoluta de originalidad, un poco más humano y un poco menos occidental. A veces es necesario fijarse en la otra parte de un sintagma. Contradicciones, contradicciones...&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-116687813117452332?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/116687813117452332/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=116687813117452332&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/116687813117452332'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/116687813117452332'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/12/sobre-inherencias-crisis-ojos-verdes-y.html' title='Sobre inherencias, crisis, ojos verdes y decadencias de Occidente'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-116283457718520266</id><published>2006-11-06T17:56:00.000+01:00</published><updated>2006-11-06T18:36:17.250+01:00</updated><title type='text'>Sobre la monotonía de la lluvia (en los cristales)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/profesor-explicacion_175x214.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/320/profesor-explicacion_175x214.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; La verdad es que en mi vida de estudiante universitario jamás imaginé que llegaría a ver el mundo, no ya desde el otro lado del cristal, sino frente al mismo. Fui en alguna ocasión alumno en el aula donde ahora trato de no aburrir a mis pacientes -y propios- alumnos; por entonces la cristalera que la cierra quedaba a mis espaldas, y salvo que volviese la cabeza disimuladamente vivía poniéndole rostro al bostezo ante mis (nunca tan comprendidos como ahora, por cierto) profesores, pero volviéndoselo al mismo tiempo a aquellos que, felices, pasaban de largo por la calle visible tras la cristalera, rumbo a casa, o rumbo a cualquier parte. Ahora esta misma cristalera dota de un brillo que no es tan literario como literal a mis alumnos, les confiere aura, y yo, al fin de cara a la cristalera, me esfuerzo por disimular la curiosidad que a cada instante me suscita el paso relampagueante de cientos de joveznos dirigiéndose a destinos más oportunos que el que uno tontamente se esfuerza en ofrecerles.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tal vez pensaba en esto esta mañana mientras leía en la sección de Cartas al Director de &lt;em&gt;El País&lt;/em&gt; una breve pero enjundiosa polémica acerca de la conveniencia de implatar o no la asistencia obligatoria como modo de combatir el absentismo universitario. Por supuesto no he resistido la tentación de hablar del tema con mi clase, un tanto contrariada si tenemos en cuenta que hoy tocaba empezar a hablar del &lt;em&gt;Cantar de Mio Cid&lt;/em&gt;. Los símbolos casi siempre se construyen sobre los vacíos; ese era en realidad el pretexto secreto de la clase, la suposición que trataba una vez más de demostrarme en las palabras de los otros. El peligro es que si uno menciona los vacíos, estos pueden irrumpir de pronto. Lo digo porque el tema del absentismo universitario, del que, cruzo los dedos, todavía no soy víctima, a la mayoría de mis alumnos, plin.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En el periódico alguien apela a la responsabilidad adulta del alumno universitario. En mi pequeña experiencia alguien no puede evitar convertirse en un niño por momentos. Ese alguien, por supuesto, soy yo, aquel al que mis alumnos llaman -para mi extrañeza- "profesor". Yo les cuento que Menéndez Pidal dijo esto o lo otro, que Colin Smith le replicó que si tal, que merece la pena detenerse en no sé qué pasaje. Me entusiasmo, unos se aburren, otros me siguen, la mayoría son tenaces... ellos creen que yo les enseño algo, yo aprendo a ver cómo el compañero se enamora de la compañera a golpe de cantar de gesta, observo el brillo que aparece cuando se enciende la luz de la curiosidad, me conmueve el gesto del que trata de reprimir un bostezo, el asentimiento cómplice del que siempre está de acuerdo aunque nunca lo diga. Y, para qué negarlo, resultó que la universidad era tan sólo una excusa, porque el regalo es poder verme sin tener que ser yo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mientras mi pequeña cuadrilla de inquietos indiferentes atravisesa la hora y media que estipula la organización docente observo al otro lado de la cristalera que Granada se resiste a entrar del todo en el otoño. El aire tiene un indefinido color de asfalto y pienso, mientras les hablo de otra cosa, que ahora me gustaría más que nunca aquello que escribió Machado: "Monotonía de lluvia tras los cristales". Me cuesta distinguir quien es en realidad el colegial cuando miro a mis alumnos: ellos solemnemente indiferentes ante el tema algo pueril del absentismo, yo despreocupadamente interesado en recordárselo. A pesar de esta frontera musical, pues es una cuestión de tono, siguen ahí. Esperan que les hable del mundo "serio" de la literatura medieval mientras observo infantilmente (esto es, sin que nadie lo sepa) el mundo menos serio que pasa por detrás de las cristaleras.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;No me han calado; alguien sonríe. Sé que estoy de paso en esta situación, pero por algún motivo no puedo decir que me esté aburriendo, todo lo contrario. Descubrimos que el Cid no es suficiente para llenar los vacíos. Hay que seguir pensando, hay que darle más vueltas todavía. Hay que buscarles las cosquillas a los conceptos, estar atento a las ideas, porque son como las carcajadas, que saltan de pronto de entre la multitud y uno se pregunta quién ha sido. Alguien vuelve a sonreir, tal vez porque empieza a detectar lo pueril de mi entusiasmo adulto. No está mal -me digo para mis adentros- en tiempos en los que la lluvia ha dejado de ser monótona para ser como siempre: insinuante, extraña. No está pero que nada mal.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-116283457718520266?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/116283457718520266/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=116283457718520266&amp;isPopup=true' title='7 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/116283457718520266'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/116283457718520266'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/11/sobre-la-monotona-de-la-lluvia-en-los.html' title='Sobre la monotonía de la lluvia (en los cristales)'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>7</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-116093186969460509</id><published>2006-10-15T18:17:00.000+02:00</published><updated>2006-10-15T19:39:17.190+02:00</updated><title type='text'>Sobre El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro (o sobre la violencia en el cine)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/panimage~10.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/400/panimage%7E10.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Si no fuera porque existe la contradicción me temo que no podría escribir esta entrada que, dicho sea de paso, no va a contribuir precisamente a que me quieran más, pues me consta que algunas de las personas que me leen son seguidoras del cine de Guillermo del Toro, como lo son también algunos de mis amigos que jamás se han pasado por aquí. En realidad debo admitir que yo no había visto antes -al menos que recuerde- ninguna película de este director mejicano del que me hablaban siempre maravillas, aunque desde que empezó a promocionarse &lt;em&gt;El laberinto del fauno&lt;/em&gt; sentía cierto cosquilleo por ver en pantalla una idea que me parecía arriesgada, y que tenía todas las papeletas para resultar hermosa. A su manera lo es. Me planté en el cine casi el mismo día del estreno como quien no quiere la cosa y ahora me doy cuenta de que quizá no iba preparado para lo que se me iba a venir encima. ¿Cómo explicarlo? Tras la película salí de la sala turbado, en buena parte debido al increíble despliegue visual, a la enorme capacidad fabuladora de la que hace gala del Toro, cuyo talento plástico me parece elogiable, y del que probablemente hablaría maravillas si sólo me propusiera hablar de la estética barroca de la película. Pero mucho me temo que mi turbación también tenía un componente de muy distinto signo que últimamente he observado que se repite, ay, con más frecuencia de la que yo quisiera en una sala de cine.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Digámoslo sin rodeos: &lt;em&gt;El laberinto del fauno&lt;/em&gt; me parece una película que abusa del sadismo. Debe ser que me hago mayor, o que nunca se me ha dado bien ser joven, pero lo cierto es que para ciertas cosas debo admitir que me falta estómago. En más de una ocasión, hablando precisamente de cine con amigos, he manifestado que desde que he aprendido a detectar la frivolización con el tema de la violencia se me hace más difícil de tragar la recurrencia gratuita a la misma. Normalmente uno escucha la réplica de que la violencia es inherente a la naturaleza humana, y que no uno no puede hacer como que no existe. Ni yo lo pretendo. Si bien no me gusta volver la cara ante el tema de la violencia, cada vez me parece más justificado volverla cuando el sadismo -por lo que veo definitivamente incorporado como reclamo comercial- entra en escena. No entraré en detalles acerca de la tan traída y llevada inherencia de la naturaleza humana, que al fin y al cabo es la más artificial, saqueada e inconsciente de las naturalezas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es curioso pero justo antes de &lt;em&gt;El laberinto del fauno&lt;/em&gt; volví a ver en DVD -esta vez en versión original- &lt;em&gt;Una historia de violencia&lt;/em&gt;, de David Cronenberg. Esta película, en cuestión, contiene perlas tan cursilonas para el espectador como la de tener que tragarse el primer plano de un rostro estampado contra el suelo por un tiro. Se trata del rostro de un asesino brutal igualmente asesinado con brutalidad. La imagen no es en absoluto agradable, pero a este primer plano le suceden en la película una serie de elogios hacia el tipo que se ha deshecho así del asesino, un aparentemente inofensivo regente de la cafetería de un pueblo perdido de costumbres honradas al que, machaconamente, llamarán "héroe". A mí me gusta esa manera de poner las cosas en su sitio, puesto que al margen del discurso que poco a poco se va tejiendo en torno al héroe, Cronenberg no deja de mostrarnos la crudeza de la violencia que se genera al margen de toda esa retórica, o que incluso es legitimado por ésta. Y sí, pienso que el heroismo es retórica, y la violencia, violencia. Sin más.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Se da el caso de que algunos de mis directores favoritos, caso de Scorsese, nunca han rehuído el tema de la violencia, y que no soy una persona precisamente proclive a la noñería cinematográfica. Ahora bien, cuando una mutilación de lo más explícita provoca carcajadas simplemente por el hecho de que "está muy bien rodada" (argumento al que parece reducirse con frecuencia creciente la valoración cinematográfica), entonces es que probablemente hay algo en lo que hemos dejado de pensar. Me interesa la violencia en el cine fundamentalmente porque me produce la sensación ventajosa de intuir sus horrores al tiempo de saber que, por el momento, se queda en la pantalla.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Con esto me refiero, claro está, a la violencia física, porque la otra, la verbal, la que actúa de manera inconsciente, la que en &lt;em&gt;El laberinto del fauno&lt;/em&gt; aboga por la necesidad de no derramar la sangre de los inocentes a cambio de derramar la propia y la ajena a mansalva... ésa a veces uno se la lleva puesta de manera cómplice y no se da ni cuenta. No sé cómo aceptar ciertas cosas sin la contradicción. Entiendo que la película resulte hermosa a pesar de la simplificación de los personajes, divididos sin más en muy buenos y muy malos, a pesar de esa continua sobreactuación de Sergi López. Entiendo que ese fauno toca las fibras de la fantasía y por sí solo podría encadilarnos. Entiendo que la fantasía no es nada inocente cuando apela precisamente a la inocencia. Ahora bien, cuando ante una mutilación que nada aporta al desarrollo de la historia media sala se despolla prefiero no preguntar dónde está la gracia, no vaya a ser que alguien me diga que no lo sabe.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-116093186969460509?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/116093186969460509/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=116093186969460509&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/116093186969460509'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/116093186969460509'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/10/sobre-el-laberinto-del-fauno-de.html' title='Sobre El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro (o sobre la violencia en el cine)'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-115877337423664727</id><published>2006-09-20T18:35:00.000+02:00</published><updated>2006-09-20T19:34:37.026+02:00</updated><title type='text'>Sobre los libros</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/libros.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/320/libros.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; A casa suelen llegarme muchos libros. Vienen desde París, Londres, Madrid, Turín, Barcelona, Michigan, Toledo, Nueva York, Buenos Aires... Se quedan a vivir en unas estanterías cada vez más sobrecargadas pero no están demasiado tiempo quietos, pues me gusta recordar lo que dejó escrito Susan Sontag: "En lugar de una hermenéutica, necesitamos una erótica del arte", y por eso me animo a tocarlos mucho, a llevarlos de un sitio a otro y buscarlos dondequiera que se encuentren cuando viajo, como se busca la compañía en un bar (incluso cuando la compañía se queda en casa yo siempre llevo el deber de un amante en el corazón). Sé que los guardo pensando en alguien que aún no alcanzo a saber quién será, y sé también que no soy yo aquél al que se quedan esperando cuando les otorgo la quietud. Yo sólo soy el hacedor del polvo y la humedad -sin dobles sentidos- que los asedia. Por ahora permanecen conmigo aunque vengan de lejos y por eso, algunos, suelen prolongarse sobre los destinos más variopintos: unas veces su suerte se hace pública en el aula tristona de algún congreso, otras sus efectos van a confundirse con el humo denso de las cafeterías y, las más, acaban animando una conversación en algún sitio bonito, con buena comida y mejor bebida. El último, por ejemplo, fue una segunda degustación de Chesterton. La primera de ellas me llevó varios meses, muchos ratos perdidos, y casi mil páginas en total. En la segunda los libros ni siquiera estuvieron físicamente presentes, y me supo igual de bien que la primera -o incluso mejor- acompañada de un suculento pincho de cordero. Y es que los libros no se quedan en el punto y final, sino que van a terminarse en las conversaciones que nos animan, que ésas son el cuento de nunca acabar. Por eso recomiendo, a ser posible, buscarse un restaurante no muy caro pero apetecible (que los hay), preferiblemente con manteles de cuadros, pues éstos, además de invitar a la familiaridad, suelen dar alegría, y emplazado preferentemente en un entorno urbano, rodeado de idiomas varios, para ponerle fin a una lectura que no nos haya dejado indiferentes. No existe mejor guinda. Tampoco mejor pastel. O casi.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-115877337423664727?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/115877337423664727/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=115877337423664727&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/115877337423664727'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/115877337423664727'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/09/sobre-los-libros.html' title='Sobre los libros'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-115745177690161136</id><published>2006-09-05T11:17:00.000+02:00</published><updated>2006-09-05T12:33:52.563+02:00</updated><title type='text'>Sobre la mentira de la panadería</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/difamaci??n.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/320/difamaci%3F%3Fn.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Los motivos que tengo para escribir este blog y contribuir así tontamente a la avalancha de bitácoras que circulan por la red sin rumbo fijo siempre han sido estrictamente personales: me gusta escribir. Añadamos además que escribir forma parte de mi trabajo, y que este formato -infrecuente para mí- me gusta especialmente. El hecho de que sólo lea este espacio un pequeño grupo de amigos de manera ocasional nunca me ha desanimado, más bien al revés, pues escribo como quien prepara una cena para alguien que aprecia: con toda la dedicación del mundo. Por eso creo que es la primera vez que realmente escribo lamentando no tener más lectores, pues el tema me causa una especie de dolorcillo machacón que tal vez sólo encuentre remedio en la necesidad de difundirse. Y me explico.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El sábado por la mañana estaba en casa estudiando cuando mi madre llegó de la panadería con dos noticias bastante inquietantes. La primera de ellas era que el día de antes, en mi barrio, dos magrebíes habían degollado a un hombre en plena calle, en una zona muy conocida del barrio. La segunda hacía alusión a una pareja que había entrado en un bazar chino en una céntrica zona de Granada, donde la chica había sido apresada y amordazada en un almacén destinado al tráfico de órganos. Es evidente que no hace falta ser muy perspicaz para darse cuenta de que ninguna de las dos noticias estaba en absoluto libre de cierto tufillo racista, así que con la mosca detrás de la oreja me puse a buscar enseguida en las ediciones digitales de los periódicos para ver qué había sucedido realmente. Como ya habrán supuesto los lectores no encontré ni rastro de ninguna de las dos noticias, lo cual no significa que no encontrase nada.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tristemente pude comprobar que en el mismo lugar donde se suponía que un hombre había sido degollado sí que había ocurrido un asesinato, pero no ése. Era el asesinato de Lourdes Rodríguez en un nuevo caso de violencia de género. De la misma manera, la historia del bazar chino, como pude comprobar, no era sino la versión granadina de una leyenda urbana al parecer muy difundida en este país.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En los últimos días se han sucedido los actos de protesta por el asesinato de Lourdes Rodríguez, que además de legítimos, son necesarios. Ahora bien, los vecinos del Zaidín sabemos que la reacción inmediata a lo ocurrido no fue tan digna. Llevo unos días con cierto pesar preguntándome quién y cómo le dio la vuelta a un caso de violencia de género hasta convertirlo en un asesinato en el que los asesinos eran, cómo no, un par de magrebíes. Hay algo horrendo detrás de todo eso que me temo que dejará su poso cuando las protestas cívicas por la muerte de Lourdes cesen, porque sin el miedo a los que llamamos otros no se explica que prolifere un bulo tan disparatado como injusto. Algo huele a racismo en este barrio. José Luis Murillo era taxista y al parecer hacía tiempo que no ejercía porque sufría una depresión. Que la salida a una depresión fuese el maletín con la escopeta que empleó para matar a Lourdes es un problema que debería hacernos pensar mucho acerca de los modelos de familia, supongo que católica y de las de toda la vida, que somos capaces de generar amparados en la autoridad patriarcal.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Todo el mundo parece haber olvidado ya el rumor malintencionado que mi madre se trajo de la panadería. Yo sigo pensando estos días acerca de la incapacidad para asumir nuestros propios horrores trasladándolos a los otros. En mi barrio hay muchas personas que bien pueden proceder del Magreb, y durante unas horas todas ellas fueron puestas bajo una sospecha sin sentido, cuando en realidad el problema de verdad tiene mucho más que ver con la materia en la que la mayor parte de nosotros hemos sido formados.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Cuando traté de explicarle a mi familia que me preocupaba el problema racista que había detectado en la reacción a un caso de violencia de género nadie pareció darle demasiada importancia. Cuando expliqué que lo del bazar chino era en realidad un cuento chino pareció que estaba contando un chiste de lo más gracioso, y hubo incluso quien me aseguró que conocía por el amigo de un amigo a la chica secuestrada. Más allá de la gracia que involuntariamente pude causar queda una desconfianza que, si bien no es del todo inconsciente, sí que exhibe una indulgencia alarmante a la hora de afrontar sus propios peligros.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Fíjense si no en la ilustración que acompaña a esta entrada, que he recogido en Google tras teclear la palabra "difamación". Unos labios pintados de rojo, claramente de mujer, "difaman" ante un oído azul, color distintivo de lo masculino. El dibujo lo he sacado de un artículo que habla desde el punto de vista católico acerca de la difamación sin caer en la cuenta de que ya desde el lapsus de colocar ese dibujo hay una difamación sexista en sí misma. Ni el dibujo es, por tanto, inocente, ni yo lo he sido al elegirlo. Tampoco lo era cuando intentaba este fin de semana llamar la atención sobre un problema que me produce mucha tristeza y que a veces nos hace mirar para otro lado. He pasado un fin de semana entre hamletiano y confuso tratando de explicarme, y todo para llegar finalmente a la evidente conclusión de que el disparate cala mucho más profundo que el sentido común. Creo que ya no debería insistir más, creo que yo también debería poner fin al monólogo. Así pues, "sean todos mis pecados recordados".&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-115745177690161136?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/115745177690161136/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=115745177690161136&amp;isPopup=true' title='8 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/115745177690161136'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/115745177690161136'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/09/sobre-la-mentira-de-la-panadera.html' title='Sobre la mentira de la panadería'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>8</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-115678122497128786</id><published>2006-08-28T16:59:00.000+02:00</published><updated>2006-08-28T19:50:39.823+02:00</updated><title type='text'>Sobre el comienzo de la temporada de fútbol 2006/2007 (o tan sólo lo probable)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/quiniela.0.gif"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/320/quiniela.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Cuando el pasado sábado me dirigía a echar esa quiniela -la primera de esta temporada- en la que tantas esperanzas tengo puestas, la noticia futbolística era la lección de fútbol que la noche anterior le había dado el Sevilla al Barça en Mónaco ganándole la Supercopa de Europa con tres contundentes goles. Todavía se notaba que en verano la ciudad funciona a medio gas y las playas a pleno pulmón, pues en la administración de lotería, en la que en periodo laboral suelo hacer cola, sólo me encontré a dos tipos. Uno de ellos era el dueño, y el otro más que un cliente propiamente dicho, parecía un maltratado culé que pasaba por allí y se quejaba de paso por la intensidad con la que había jugado el Sevilla la noche anterior. "Seguro que contra otros no juegan así, contra el Barça es que parece que les va la vida", decía, y su comentario me pareció una divertida paradoja, porque uno puede quejarse de algo así sin el más mínimo problema y sin llamar en absoluto la atención si está en un bar, pero en una administración de lotería, donde sólo se acude para confiar en la incertidumbre del azar, quejarse de que los planes no salen como estaban previstos no deja de ser algo pintoresco. Pues el fútbol es un juego, y en el juego -si es limpio- más que la certeza rige tan sólo lo probable.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El pobre hombre se había llevado un chasco porque el Sevilla no había ejercido su papel de víctima. Como si la intensidad competitiva -por otra parte habitual en el Sevilla- no fuera otra cosa que un accidente de mal gusto, una anomalía ideada para contravenir los planes de la normalidad, que al parecer sólo podían culminar con la victoria del Barcelona. Como si, en definitivas cuentas, el partido de Mónaco no fuese la disputa de -ni más no menos- un título europeo, sino una especie de homenaje veraniego, debido y obligado, al buen juego del Barcelona. Y es que, si algo echa de menos durante el verano un futbolero, no es otra cosa que la falta de sentido común que suele acompañar a la temporada futbolística. Porque pocas cosas se tejen tan apegadas a la lógica y al mismo tiempo a los razonamientos más excéntricos como la valoración de las victorias y las derrotas. Diríase a veces que el disparate lógico es la norma del futbolero, pero para muestra un botón.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ya esa misma noche, José María del Nido, presidente del Sevilla Club de Fútbol (y abogado del ínclito &lt;em&gt;Cachuli&lt;/em&gt;) hacía una peculiar valoración de la victoria ante los micrófonos de la prensa deportiva: que la victoria sobre el Barcelona no hacía otra cosa sino mostrar que el Sevilla era el mejor club de Europa, latiguillo que todavía a estas alturas de resaca debe andar repitiendo sin cesar. En principio parece algo lógico pensar que si los dos campeones de las competiciones europeas de la anterior campaña se enfrentan, el que gana es el mejor. Sólo que para llegar a esa conclusión hay que obviar por completo una serie de hechos que son de cajón y que cualquier futbolero con dos dedos de frente conoce a la perfección: el más clamoroso de ellos es que la Copa de la Uefa la juegan los equipos que quedan clasificados a partir de la quinta posición en el Campeonato Nacional de Liga y la Liga de Campeones la juegan justamente los que han quedado clasificados por encima de ellos. Eso no quita mérito al Campeón de la Uefa, por supuesto, pero sirve también para entender que la Supercopa, pese a ser un título importantísimo, divertido e intenso (como todos los que se juegan a partido único), no deja de ser un título menor europeo cuyo mayor valor reside probablemente en los méritos que se han hecho antes para poder jugarlo. Seguramente el señor del Nido cambiaría sin pestañear diez Supercopas a cambio de lucir en las vitrinas de su club una sola Copa de Europa, y desde luego no cambiaría la mismísima Copa de la Uefa por la victoria en la Supercopa. Son ese tipo de piruetas demagógicas las que hacen que en el silencio de la derrota del Barcelona haya una dignidad de la que los ruidosos discursos de del Nido no pueden presumir. El azar es un golpe que no entiende de campeones, me temo. Dicho esto, da gusto ver cómo el pez chico se merendó -sin más- al grande. Al margen de los discursos de los mandamases lo que queda es el buen rato que el Sevilla nos hizo pasar a los que lo vimos. Algún buen amigo mío, sevillista de los de toda la vida, se quejaría con justicia si no alabase los méritos de su equipo. ¡Bravo por el Sevilla!&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hará un año, Miguel Ángel, futbolista que lo fuera del Málaga, fichaba por el Betis, equipo que en la campaña anterior a la llegada de Miguel Ángel no sólo había triunfado en la Copa del Rey, sino que había acabado clasificándose en cuarto lugar en la Liga y jugando, por tanto, la Liga de Campeones. Recuerdo una entrevista en la que Miguel Ángel mostraba su entusiasmo por su nuevo club con el siguiente silogismo: "si estamos hablando de la mejor Liga del mundo, y el Betis ha quedado cuarto, entonces he fichado por el cuarto mejor equipo del mundo". Me asombró tanto la sencillez y contundencia impecable de su lógica como lo disparatado de la afirmación. Lo cierto es que al final el pobre Miguel Ángel acabó perdiéndose la temporada por una lesión grave, que el cuarto mejor equipo del mundo casi se va a la segunda división con un presidente fantasma, y que la mejor liga del mundo la ganó un todopoderoso Barcelona con una facilidad pasmosa, demostrando una gran diferencia de nivel entre él y todos los demás equipos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Es un tópico afirmar que el fútbol no entiende de lógica. Yo creo que sus protagonistas, al menos técnicamente, la utilizan con maestría. Otra cosa es que una lógica impecable deba al mismo tiempo sustentarse en clamorosos silencios para ser posible. Pues para lógica, la de la triquiñuela.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi equipo, el Real Madrid, hizo ayer un partido espantoso en el que empató a cero con el Villarreal, y jugando en casa. Hoy leo en la prensa que los jugadores extraen una conclusión alocadamente optimista: destacan la solidez defensiva, lo difícil que es hacerles un gol. Una vez más, impecable. Pero yo, por mi parte, ya voy a empezar a meditar sobre la quiniela de la próxima jornada. Allí donde la lógica no llega es tan sólo probable que sí lo haga el azar.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-115678122497128786?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/115678122497128786/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=115678122497128786&amp;isPopup=true' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/115678122497128786'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/115678122497128786'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/08/sobre-el-comienzo-de-la-temporada-de.html' title='Sobre el comienzo de la temporada de fútbol 2006/2007 (o tan sólo lo probable)'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-115650335013051749</id><published>2006-08-25T11:40:00.000+02:00</published><updated>2006-08-25T13:38:55.010+02:00</updated><title type='text'>Sobre abrir los ojos</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/castigo.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/200/castigo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Si en mi anterior entrada comenzaba recordando una amistosa (y deliciosa) conversación con un amigo, hoy me viene a la cabeza que debe hacer una semana que tuve otra -en absoluto amistosa- con un viejo conocido. Alguien había sacado el tema de Fidel Castro, personaje que me resulta bastante antipático, y la cosa acabó derivando hacia los derroteros del compromiso y el &lt;em&gt;abrir los ojos a la realidad&lt;/em&gt;. Lejos de querer elaborar una tesis sobre la complejísima realidad de América Latina, esta mañana escucho en la radio a unos jóvenes hablando simple y llanamente sobre sus gustos musicales. Inmediatamente se forman dos bloques de opinión: los que opinan que la música es sencillamente algo con lo que relajarse y pasarlo bien olvidándose de los problemas y los que creen que la música debe contener un mensaje, porque -dice una de las contertulias más o menos- es una tontería "decir cuánto te quiero, porque hay que abrir los ojos a la realidad que nos rodea".&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Si no recuerdo mal, los últimos discos que he escuchado deben ser uno de Pasión Vega (¡la Voz!) y un recopilatorio de canciones de Billie Holliday. Según esa peculiar lógica que convierte el deleite estético -algo por otra parte tan necesario como mal visto- en un cerrar los ojos a la realidad debo ser un tipo de lo más tibio, cuando en el fondo, acusar a alguien de falta de compromiso por sus gustos estéticos es sencillamente caer indirectamente en uno de los tópicos más manidos de esa ideología burguesa a la que precisamente dicen oponerse esos dedos acusadores: el de la perfecta inutilidad del arte, el de su constitución como lujo, como objeto a lo sumo superfluo. El silogismo por el que se llega ahí no deja de ser de lo más simple: si la música moralmente aceptable es la que tiene un mensaje social y Pasión Vega canta una copla con mensaje amoroso, entonces la música de Pasión Vega no es moralmente aceptable (o es moralmente tibia).&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Entre las varias maneras que hay de desmontar este argumento yo prefiero aquella que pone el acento en lo moral. Lo que con frecuencia se olvida es que una postura moral no tiene nada que ver con una postura moralista. La postura moralista acaba y empieza, por lo general, en la exposición de la propia moral convertida en dogma. Una postura moral se puede permitir el lujo incluso de no hablar de moral, lo cual no significa que se prescinda de ella. Un chico al que respeto me reprendió una vez por haber leído a Céline -del que alguna vez he escrito en este blog- por el filonazismo de éste. Él confesaba orgulloso no haberlo leído, e incluso se basaba en su impoluta condición moral a la hora de afirmar que no debía leerse, que no debía estudiarse. De alguna manera, el dogma no admite la contradicción, pero la duda razonable, sí. El moralista sólo reconoce el horror en los otros, pero jamás se plantea que pueda sucederle a él mismo. Por otra parte, sería un error de primero de filología pensar que la lectura de un autor filonazi convierte al lector automáticamente en un apólogo del nazismo, como si no existiera la distancia crítica, es decir, moral. Personalmente prefiero, por ejemplo, un libro que hable con estatura moral del gusto de su autor por la pesca, que otro que hable de la moralidad de la pesca misma.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mi viejo conocido me reprochaba el otro día vivir de espaldas a la realidad y muy bien pudo ampararse en mis costumbres para sostener su visión. Hace años que dejé de escuchar los viejos grupos con mensaje social que nos unieron durante la adolescencia, y aunque menos, también hace tiempo ya que abandoné mi voluntariado en la prisión (donde daba clases de lengua), precisamente para dedicarme a la investigación literaria. Dejé una ONG y empecé a interesarme mucho más en serio por las correrías del Arcipreste. Dejé de hablar de moral ante los demás para reparar en que lo mío era hablarle a mis alumnos moralmente (como moralmente, creo, siempre intenté tener en cuenta a mis alumnos en la cárcel). No soy ejemplo, no hago nada que me convierta en el paladín de la justicia universal porque, entre otras cosas, hace tiempo que me interesa mucho más la justicia inmediata.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Uno de los chicos de la tertulia radiofónica afirmaba que el pirateo de música se debe, entre otras cosas, a que "a la gente le cuesta escuchar un disco entero, es mejor tener tu propio &lt;em&gt;greatest hits&lt;/em&gt;". Lo cierto es que de pronto me he visto reconocido en esta ingenuidad. Hace poco que me regalaron el magnífico &lt;em&gt;Dark side of the moon&lt;/em&gt;, de Pink Floyd, que supuso una buena cura de humildad ante mis tontorrones (ahora también empiezan a ser antiguos) prejuicios contra el rock sinfónico. Yo todavía escucho un disco entero con placer, agradezco su variedad, la impaciencia continua a la que me somete, y gracias a este regalo un prejuicio ha caído y un nuevo deleite atesoro ahora. Mi mundo, por tanto, se ha ampliado, y siento que eso me hace más permeable, más rico, menos dogmático. Ha caído una muralla, pero en su lugar ahora hay un parque donde los niños se balancean y corren. Cuando hablo sobre la actual situación de Cuba siento que me pierdo, que no sé nada sobre el tema, que soy un impostor, puesto que mi deseo de una solución justa y razonablemente pacífica es mucho más fuerte que mi capacidad de análisis para un tema que me supera. Formarse una opinión inmediata de las cosas es un ejercicio tan disparatado como agotador. En cambio, cuando hablo de música con Violante, que se lo ha escuchado todo, soy un adolescente que toma notas a escondidas. Hay conversaciones sobre temas serios que, además de no aportarme demasiado, han acabado con un buen tirón de orejas por mi falta de estatura moral, y conversaciones sobre temas la mar de frívolos para los serios de las que he deducido fácilmente la necesidad de aceptar, respetar, y hasta disfrutar la diferencia. Y, ¡diantres!, esto último no es nada desdeñable para moverse tanto en los terrenos serios, como en los tibios, como en los legítimamente distendidos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Digamos que si me he decidido a escribir esto no es para loarme ni proponerme como modelo de nada. Sé que mi posición tiene puntos criticables y a menudo pienso en ellos, les doy constantes vueltas porque es mi responsabilidad. Pero eso sí, frivolidad de frivolidades, la verdad es que La Polla Records nunca me gustó, a pesar de sus buenas intenciones. En cambio, cada vez que en la oscuridad de mi cuarto suena la alcoholizada voz de Billie Holliday hay un chispazo, un estremecimiento que me hace -¡oh tibio entre los tibios!- tener los ojos más que abiertos: es la maltratada conciencia de tener la suerte de estar justo ahí.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-115650335013051749?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/115650335013051749/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=115650335013051749&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/115650335013051749'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/115650335013051749'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/08/sobre-abrir-los-ojos.html' title='Sobre abrir los ojos'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-115635369968505728</id><published>2006-08-23T18:32:00.000+02:00</published><updated>2006-08-27T22:43:25.590+02:00</updated><title type='text'>Sobre el placer</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/comer.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/320/comer.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Un amigo mío, con su habitual inteligencia, me ha mantenido esta tarde alejado de las fotocopias y el sinfín de notas, así como de otros menesteres laborales no menos dañinos, que habitualmente me rodean, y lo ha conseguido gracias a que es un conversador insuperable. Añadamos que el tema que hoy nos traíamos entre manos es uno de mis favoritos, tanto que, una vez mi amigo se ha ido, en lugar de retomar la obligación he optado por darle trabajo una vez más a Montaigne con la esperanza de que a algún otro amigo -que ya ni siquiera me creo con derecho a llamarlos lectores- le dé por visitar este sitio que, de tan descuidado como ha estado, casi ha visto cómo se le llenaban de telarañas las paredes. Y el caso es que de pronto estoy de humor, lo suficiente como para abandonar la obligación por el placer. &lt;/div&gt;&lt;p align="justify"&gt;Una vez leí en el periódico una curiosa noticia que seguramente alguien recordará: un millonario alemán, caballero de considerable edad (y digo "considerable" como contrario de "despreciable", o mejor aún "desdeñable"), se declaraba aburrido por no tener otra preocupación en la vida que la de decidir qué coche iba a conducir cada día y a qué mujer se iba a llevar al catre cada noche. Decía este individuo estar dispuesto a dejar en herencia su copiosa fortuna a aquella amante, a aquella elegida entre las elegidas, que fuera capaz de matarlo de placer mediante un polvo, perdón por la redundancia. El tipo aparecía en la fotografía con un aspecto estudiadamente juvenil, rubio y bronceado (bueno no, en realidad era rojo gamba como los alemanes de Almuñecar en agosto, pero da igual, aunque sospecho que éstos últimos deben pasárselo muy bien, y no sólo por el sol), sonriente y satisfecho de haberse conocido. En la noticia, eso fue lo que me llamó la atención, era descrito como un excéntrico hedonista, dispuesto a llevar el placer hasta sus últimas consecuencias.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Entre las preocupaciones mucho más barriobajeras de esta ciudad que habito figura, entre otras, la de levantarse todas las mañanas. Aquí, que procuramos disimular la excentricidad, solemos saltar de la cama y, una vez desayunados y vestidos, y muy a pesar de la cara de madrugón que se nos queda, salir a la calle. No solemos hacerlo saltando por el balcón porque nos mataríamos. Yo al menos vivo en un tercero, así que no me queda otra que utilizar el mucho más tradicional método de bajar las escaleras o el mucho más cómodo de llamar al ascensor. Una vez en la calle prestamos atención a los semáforos, porque de lo contrario se nos puede quedar una bonita silueta pintada en tiza en el suelo por la policía, o cogemos el coche y nos paramos cuando la lucecita está en rojo para no estamparnos. Los más afortunados hacemos garabatos en el trabajo disimuladamente para no aburrirnos, al tiempo que nos da un cierto gustirrinín procurar que no nos pillen, y comemos a mediodía para no morirnos de hambre. Por la tarde el ritual es parecido, semáforos y calles. Y por la noche, sin entrar en asuntos íntimos, casi siempre acabamos intentando dormir para que el cansancio no acabe con nosotros. Más o menos se resume en que nuestros actos cotidianos, aunque no seamos conscientes la mayoría de las veces, son una cadena continua de pequeños gestos de supervivencia. Como no quiero ponerme demasiado aburrido balanceándome en la abstracción, simplemente diré que cada vez que me paro en un semáforo estoy de alguna manera afirmando la necesidad de vivir para cruzar al otro lado, como poco. De ahí que mi idea de la supervivencia sea, creo yo, razonablemente positiva, y de ahí también que no la saque a colación cada vez que me topo con un semáforo (por aquello de no ponerme aburrido, como antes avisé).&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Si me pusiera aburrido o transcendente podría esgrimir que el placer es un ramalazo de luz que nos sitúa ante la conciencia inevitable de la muerte como el dolor podría convertirse en un golpe de conciencia sobre la urgencia mucho más necesaria de la supervivencia. Uno vislumbra fácilmente la gracia de las cosas, y se aferra a su disfrute, cuando por un momento intuye que al final hay un reverso mucho más tenebroso. Lejos de ser algo despreciable, el placer se convierte así en algo necesario para soportar la dureza del dolor, del mismo modo que el dolor lleva de alguna manera implícita la posibilidad expectante del placer recobrado. Uno y otro me parecen necesarios por un sencillo motivo: se necesitan mutuamente para convertirse en algo razonable. Nadie que conozca podría, perdón por el sadismo, en este barrio de bajas y laborales pasiones, vivir con un cuchillo atravesándole las vísceras todos los días de su vida, pues sería sencillamente insoportable. Ahora bien, apuesto a que nadie podría tampoco soportar, nuevamente perdón por el sadismo, un orgasmo que durase cincuenta años. A menos que la de la guadaña lo impidiese, una y otra hipotética situación resultarían un castigo sólo concebible por los más airados dioses imaginables (en realidad creo que algunos hombres ya la imaginaron, ¿no?, pero igual disimulaban su crueldad adjudicándosela a los dioses, como estoy haciendo yo).&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Abandonando la metafísica ficción y volviendo a nuestro germano millonetti, creo que aquel hombre -que no sé si andará todavía por el reino de los vivos o sí una desconsolada amante lo llora en estos momentos agradecida- podría ser perfectamente un excéntrico, pero jamás un hedonista. Y digo jamás porque tratar de llevar el placer hasta lo que hay más allá del placer tal vez sea, justamente, una forma de negarlo. El placer nos genera fugazmente la conciencia de la muerte para plantarnos los pies en el suelo, pero no nos ofrece la muerte como fin, o de lo contrario dejaría de ser placer. El placer nos vuelve amables, pero no nos deja cara de fiambres. El placer se soporta porque es breve, o de lo contrario se convertiría en dolor, pero su brevedad no lo hace despreciable, sino todo lo contrario. Si nuestro millonario amigo aún anda por este planeta tal vez ya se haya dado cuenta de que la brevedad del placer no anula su intensidad, sino todo lo contrario, la vuelve soportable, digerible, al hacerla momentánea. Más bien sería su continuidad la que no podríamos sostener sin quedarnos tiesos (mira que estoy grosero hoy, ¿no?). Dicho esto, no creo que lo bueno sea dos veces bueno por ser breve, como tampoco lo sería por ser interminable u obsesivo. Lo bueno, si frecuente, fetén.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-115635369968505728?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/115635369968505728/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=115635369968505728&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/115635369968505728'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/115635369968505728'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/08/sobre-el-placer.html' title='Sobre el placer'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-115253092235219195</id><published>2006-07-10T12:56:00.000+02:00</published><updated>2006-07-10T17:11:57.336+02:00</updated><title type='text'>Sobre la final de la Copa del Mundo de Fútbol de Alemania 2006</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/Zizou%202.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/400/Zizou%202.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Viendo ayer la final de la Copa del Mundo entre Italia y Francia a menudo me venía a la cabeza la imagen recurrente de un ejército de voraces guerreros tratando de derribar un puesto amurallado sin conseguirlo, una tropa de gigantes atacando con insistencia... y con tirachinas en lugar de catapultas. Para mí, Francia puso el fútbol e Italia se llevó la Copa. Y es que tal vez no sea cierto aquello de que en el futuro tan sólo se recuerda al Campeón, manido tópico futbolero empleado por los ventajistas que tal vez no merezca la pereza de acogerse siempre a él. A menudo me sorprende que sea precisamente en el fútbol, al fin y al cabo no más que un juego, el lugar donde menos concesiones se le admitan al azar. Y el azar es sencillamente poderoso.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Uno se acuerda de los que levantan los brazos en V de victoria, pero también de los que hicieron méritos para merecerla, aunque acabasen con los hombros caídos y la cara desencajada por el cansancio (véase Henry al ser sustituido, por ejemplo). No es menor el poder icónico de la derrota. La victoria de Italia se decidió desde el punto de penalty, y esa al fin y al cabo, sin ánimo de quitar mérito a los criterios objetivos de un marcador, es la victoria de la suerte sobre los dos equipos.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Porque no otra cosa que el azar puso la Copa en manos de Cannavaro en lugar de en las de Zidane. El azar de una pelota que sale rozando el palo sin ser consciente de que el tiempo es una sucesión de senderos que se bifurcan, Borges &lt;em&gt;dixit&lt;/em&gt;. Y el azar que debió pasar por las ideas de Zidane apenas un segundo antes de propinarle ese absurdo cabezazo a Materazzi. No es la primera vez que al bueno de Zizou se le cruzan los cables. Ayer todo tenía que ser solemne, todo listo para una despedida a lo grande, todo alineado para ser recordado como el último detalle, el último baile. Todo predispuesto para ignorar al azar, que hizo una de las suyas.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;No me produce ni frío ni calor ver a Italia celebrando una victoria amarrada a base de un juego reservón y acorbadado, pero confiado en su ancestral suerte (una vez más se vio que con motivos). La final que vi ayer la recordaré por esa imagen del gran Zidane encaminándose al túnel de vestuario dejando a sus espaldas la Copa, impotente, adulto y responsable de su propio acto pueril. Atrás dejaba un partido casi digno de una despedida, donde ofreció todo su repertorio, en lo bueno y en lo malo. El marsellés nos hizo un compendio magnífico de lo que ha sido su carrera. Su expulsión fue justa porque su agresión no lo fue. No lo fue con su equipo, que se quedó con uno menos (con el mejor además), no lo fue con Materazzi, obviamente, fuese cual fuese su provocación, no lo fue con el partido, que se vio privado de unos últimos minutos de ese control de balón que tanto nos gusta, no lo fue consigo mismo, puesto que merecía mejor salida de un campo de juego. Y no lo fue con el fútbol, al que se llevó consigo al vestuario. A partir de ahí ya todo era azar, y a éste le complace burlarse de los audaces.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-115253092235219195?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/115253092235219195/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=115253092235219195&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/115253092235219195'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/115253092235219195'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/07/sobre-la-final-de-la-copa-del-mundo-de.html' title='Sobre la final de la Copa del Mundo de Fútbol de Alemania 2006'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-115220332408834846</id><published>2006-07-06T17:35:00.000+02:00</published><updated>2006-07-06T18:40:43.540+02:00</updated><title type='text'>Sobre Londres</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/Mind%20the%20gap.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/320/Mind%20the%20gap.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Hay una larguísima pereza en el regreso. Me fui a Londres buscando esa apertura de miras académica que en España nunca he detectado y ahora pienso que no podría haberme buscado un motivo más tonto con el que engañarme, pues mi experiencia académica puede resumirse en dos larguísimos días en el aula de una facultad fantasma, donde he sido testigo de una exhibición de plomiza erudición, así como de un continuo ejercicio de adulación hacia un viejo profesor que encarna como nadie -supongo que a su pesar y al mío- aquello de lo que venía huyendo: el traje rancio y la corbata sistemática, la obsesión por el dominio del dato puro y duro, el obstinamiento por convertir cada exégesis de un texto medieval en el descubrimiento de una más que dudosa originalidad, el desprecio por todo cuanto pone un interrogante en la cabeza de Donyanimeacuerdo, el constatar una vez más que en la Laureada Famila del medievalismo no me voy a hacer muy viejo. El afianzamiento del inmovilismo que nos hace llegar a viejos, según veo, pero que también nos vuelve demasiado serios, amenazantes, encorvados... Y afuera esa ciudad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Porque la sensación de aburrimiento en Londres es directamente proporcional a la sensación de impaciencia que a uno le produce el pensar en la de cosas que podría estar haciendo mientras se aburre. He soportado la risa de no sé qué fulano al que me cuentan que le debo respeto (y que no respetaba a nadie, dicho sea de paso), y me ha importado poco porque Londres compensa con creces hasta la torpeza de buscarse la más tonta de las excusas para pasar unos días allí.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Estoy cansado y me siendo como nunca: nuevo sucidio académico, y qué vivo he salido de él. Por suerte todo acaba, y en algún momento hubo una puerta que crucé para no volver a entrar, porque lo realmente divertido en Londres es cruzar puentes ("because it's fun, there's any special reason, it's fun", oí decir a un loqueras australiano que se entretenía saltando al Thamesis de puente en puente y trataba de impresionar a una amiga mía con su descerebramiento). ¡Y qué razón tenía aquel descocado! Ahora sé que Londres no necesita de razones, simplemente es divertido. No puedo decir otra cosa de una ciudad que ha sabido extraer del caos visual la música de las esferas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pronto se olvidan los sinsabores profesionales, el miedo al futuro, y me atrevería a decir que casi todo, cuando uno tiene la suerte de contemplar con cursilería de ánimo un atardecer sobre un paisaje de metal que no es nada cursi. Londres me ha dado una razón fundamental para llegar más lejos: vaya quien quiera comprobarlo hasta cualquiera de las cafeterías de la Tate Modern y observe el reflejo del sol que parece salir por encima del Parlamento para ir a parar hasta las negras cristaleras de los rascacielos de la City. No he visto sol más ateo, más atento a pasar olímpicamente -o literalmente por encima- de la catedral de Saint Paul. Al final resulta que todo aquello que un día imaginamos monstruoso tiene su propia belleza, y es casi imposible no sucumbir ante ella. Ni ganas de evitarlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ahora estoy de nuevo en casa. He dejado atrás unos días en una de las ciudades más sucias, malolientes, locas y hermosas que he visto en mi vida. Una ciudad donde era el tipo con la excusa más tonta del planeta, pero a la que le daba igual eso. Me ha cansado, he soportado sus dichosas alarmas antiincendios, su comida rápida, lo agotador de sus paseos, pero Londres ha sido una ciudad en la que era un extranjero, y donde todo me resultaba ajeno menos lo que me interesaba. Dichoso privilegio el mío. Ahora que vuelvo a escuchar por la mañana las tertulias radiofónicas en mi lengua, que el griterío no es el mismo y soy capaz de entender lo malintencionado que resulta, me pregunto si algún día en este país seremos capaces de convivir tan bien como vivimos. "It's not fun", pero prefiero cruzar puentes a tirarme por ellos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-115220332408834846?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/115220332408834846/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=115220332408834846&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/115220332408834846'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/115220332408834846'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/07/sobre-londres.html' title='Sobre Londres'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-114752880013194351</id><published>2006-05-13T14:56:00.000+02:00</published><updated>2006-05-15T13:23:57.583+02:00</updated><title type='text'>Sobre los españoles</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/omniw6771-00097.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/200/omniw6771-00097.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Son muchos los kilómetros que he recorrido estos días. Estoy contento de haber frecuentado incontables carreteras, paisajes, sitios, gentes... desde Granada hasta la capital del Principado. El trayecto ha sido suficiente para derribar una de mis más firmes convicciones de los últimos meses, y es que yo pensaba que si había algo invariablemente común entre los españoles desde el Mediterráneo hasta el Cantábrico era el &lt;em&gt;20 minutos&lt;/em&gt;. Se me ocurrió soltar la gracia mientras almorzaba con algunas personas en una zona preciosa de Oviedo, cerca del mercado del Fontán. Me miraron raro, con cara de no enterarse de nada. Algo embarazosamente me dí cuenta entonces de que el periódico gratuito que cada mañana me procura mi vecino no se reparte por allí. Hay otros similares, pero el &lt;em&gt;20 minutos&lt;/em&gt; no es desde luego la suma de la unidad de España, como yo pensaba. Y en el fondo bien poco que me importa.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Me estoy especializando en hablar de cosas que nadie entiende, ni siquiera mis colegas de profesión. Algo deprimido por haber hecho cientos de kilómetros para constatar una vez más ese sinsentido decidí no ser congresista la mayor parte del tiempo, coger algo de dinero y dirigirme a la estación de autobuses con toda la intención del mundo de salir por patas, pero sin ninguna prisa por regresar a casa, ni a ninguna parte. Hay cierta tristeza inevitable cada vez que se hace eso, y sin embargo creo que casi nunca me siento mejor que estando en el camino. Mientras me esforzaba por no parecer turista observaba a través de la ventanilla del autobús a los peregrinos de Santiago que abundan por aquellos lares. Yo iba motorizado y casi con más intención de acumular pecados que de purgarlos, pero creo que nunca los he entendido tanto.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En estos viajes solía escuchar la radio, ver fugazmente las portadas de la prensa por ahí dispersa, ver igualmente las noticias en la cafetería de regreso al hotel. Los españoles vemos demasiado la televisión, y eso, más que las tan traídas dos Españas, nos está volviendo dignos de todos los tópicos. Hay que viajar mucho para darse cuenta de que toda esa maledicencia, todas esas acusaciones, todo el transcendentalismo del mundo se vuelve un ruido de fondo, más bien incomprensible y molesto, cuando se está en mitad de una carretera entre dos ciudades, ninguna de las cuales es la tuya. Para tomarse esas cosas demasiado en serio hay que estar sentado en casa, e imaginar que el mundo de ahí afuera se corresponde punto por punto con el que se tiene en la cabeza. Nada más cerril, en el fondo, y nada más cotidiano en esta piel de toro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;De ahí que me reafirme en mi impresión de que la música de Van Morrison enriquece la carretera. Yo he sido, humildemente, feliz. Y lo he sido porque la televisión de mi casa estaba lejos, porque los acordes magistrales del &lt;em&gt;Moondance&lt;/em&gt; sonaban mientras cambiaba de provincia, porque a veces España se materializaba en españoles. No precisamente el agitador que micrófono en mano adiestraba a las multitudes en alguna calle, sino otros. Esos otros son fugaces, inadvertidos, ni más guapos ni más feos de lo que pueda serlo yo. Comparten las miserias de los próceres a los que apoyan, exhiben la violencia sin tapujos cuando hablan, su falta de respeto hacia el otro, su reticencia a comprender. Y sin embargo esas mismas personas son capaces de ofrecer una palabra amable, una sonrisa, un tiempo a fondo perdido. Recuerdo al señor que me sirvió un espléndido cocido maragato, de media sonrisa y amabilidad infinita, a cierta fumadora de aspecto andrógino que en la cafetería del hotel le preguntó una noche por lo bajini a la camarera que &lt;em&gt;quién era ése&lt;/em&gt; refiriéndose a mi, a un matrimonio de asturianos que cada vez que me veían me preguntaban qué tal estaba saliendo eso del congreso, y si me estaban tratando bien. Recuerdo a la chica que dejó volar el billete de la cuenta en un precioso cafetín de Oviedo, y que supo aguantar estoicamente mi sentido del humor quizá no muy oportuno... la lista sería intermible. Y sería injusto no acordarme de Mirtha, que aparte del banco de una iglesia románica en el que sentarme para pasar un buen rato charlando con ella, fue la única en ofrecerme, además, un nombre para recordar.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Ahora estoy de nuevo en casa. España se estremece ante los últimos escándalos, la antepenúltima bronca en el congreso, la ruptura del tripartito catalán, y no sé cuántas cosas más que se llevará el viento. Parece que no fueramos capaces de ser amables estos españoles, de no escuchar más que lo que nos interesa oir. Algunos me abroncarían si supiesen que España cabe en una canción de Van Morrison, que es hermosa a través de ella, que luce espléndida cuando se viaja solo y uno se olvida de enarbolar banderas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En Oviedo me paré un momento ante la estatua de bronce que la ciudad ha dedicado a Woody Allen, del cual recogen unas palabras como recordatorio en las que éste dice, entre otras cosas, que Oviedo es una ciudad tranquila. Le han destinado una de sus calles más espléndidas. La calle se llama Milicias Nacionales y al abuelo Woody algún desaprensivo le ha arrancado la mitad de sus gafas de bronce en la tranquila -que sin duda lo es- Oviedo. Pensé entonces que se parecen sospechosamente a los españoles estos asturianos. Yo, por si acaso, ya estoy pensando que a no mucho tardar haré de nuevo la maleta. No vaya a ser que me aburra tanto que me acabe dando por andar por ahí rompiendo gafas. &lt;em&gt;And it stoned me into my soul...&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-114752880013194351?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/114752880013194351/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=114752880013194351&amp;isPopup=true' title='3 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/114752880013194351'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/114752880013194351'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/05/sobre-los-espaoles.html' title='Sobre los españoles'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>3</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-114658834457509337</id><published>2006-05-02T18:41:00.000+02:00</published><updated>2006-05-02T23:52:56.263+02:00</updated><title type='text'>Sobre las maletas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/hotel_rm.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/320/hotel_rm.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Hoy he comprado mi primera maleta. No es que antes no tuviera ninguna. En mis últimos viajes me las he visto putas para mover una vieja maleta que mi tía abuela tuvo a bien regalarnos. Era incómoda y acababa con ampollas en las manos. La que he comprado hoy es la primera que yo pago con mi propio dinero, y por tanto no tiene el valor sentimental de la otra, pero sí un valor simbólico mucho más alto e inexplicable. Hoy he comprado mi primera maleta y esto es casi un hecho contraproducente. En Granada es día de la Cruz, y a esta hora mucha gente se entrega al jolgorio en las calles. Durante todo el día he visto gente arrastrando maletas por la ciudad, de manera que lo lógico hoy parece traerse la maleta para Granada, pero no comprarse una maleta en Granada. Tengo que aclarar que me la he comprado para emprender un pequeño viaje a una ciudad del norte, donde en estos momentos casi lo único que espero es huir de la fiesta, de la tradición, de la idea para mí cada vez más molesta de pertenecer a un sitio.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;El fulano que se inventó a este Montaigne se siente perdido y en un arrebato de orgullo se ha comprado una maleta. Sueña con una rutinaria estación de autobuses y una carretera, con cientos de kilómetros para no ser de ningún sitio. Planea tontamente elegir un buen libro para soportar las muchas horas de autobús, imagina paisajes capaces de distraer las heridas. Ya medita las cosas indispensables para llenar la maleta. Se entristece de pensar que basta con apenas algo de ropa, algún dinero y lo básico para oler más o menos bien.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hay quienes hablan de encontrarse consigo mismos. Hay también, por el contrario, quienes compran una maleta para tener una excusa, un pretexto para desatarse de vez en cuando de todo lo que cotidianamente les rodea. Tengo una maleta porque hay una carretera que está dispuesta a separarme de los pasos que he dado hoy mismo, de las calles donde a veces tengo la costumbre de ser feliz. Hoy me he comprado una maleta como me podría haber comprado un látigo. Montaigne tiene alguna esperanza de ver la lluvia en las paredes de piedra de una ciudad que no es la suya, de tumbarse en la cama de un hotel con la sola compañía de un libro y dejar que fuera el mundo siga siendo ancho y ajeno. Montaigne quiere descansar unos días del fulano que lo inventó. Sólo unos días. Lo malo es que me he comprado una maleta precisamente porque presiento que voy a querer utilizarla muchas veces.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-114658834457509337?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/114658834457509337/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=114658834457509337&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/114658834457509337'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/114658834457509337'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/05/sobre-las-maletas.html' title='Sobre las maletas'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-114616692822847554</id><published>2006-04-27T21:20:00.000+02:00</published><updated>2006-04-29T14:32:12.550+02:00</updated><title type='text'>Sobre nadar con delfines (o aprender a ser pequeño)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/delfines.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/400/delfines.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;En los algo más de dos meses que llevo sin actualizar este blog he tenido tiempo, no obstante, de poner patas arriba mi vida, cambiar de planes casi cada día y, para no perder el tiempo, compartir algún almuerzo con una persona muy especial. Esto último va por ella. Si alguno de mis antiguos lectores aún se acuerda de mí y ha reparado en que he vuelto a escribir sepa que ella debe andar por los setenta años, tiene una sonrisa franca y agradable, la cual suele acompañar con una verbosidad muy dulce, pero jamás empalagosa, y la autoridad que impone -no sé si conscientemente- nace de una rebeldía desarmante que exhibe con orgullo. Es la primera persona en mucho tiempo a la que le he dejado un libro y me lo ha devuelto subrayado. En diversos colores, además. Basta un almuerzo con ella para saber que el monocromo portaminas que suelo utilizar yo no va consigo. Su propia presencia se acompaña siempre de diversos colores.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En aquel para mi impagable almuerzo me contó que un par de veces en su vida había nadado con delfines en el mar. Yo hoy puedo presumir de que me lo ha contado. Recuerdo que ya mientras hablábamos la idea me vino a la cabeza: hay gente que es eternamente joven, no lo niego, pero los realmente privilegiados siempre son niños. No porque sean inocentes, ni inconscientes, ni cándidos, ni tópicos por el estilo. Más bien es porque hay personas que han aprendido a capear el temporal con una firme curiosidad por casi todo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hay formas de recordar la infancia (que por lo general suele ser cruel) como una especie de paraíso perdido. Hay formas igualmente de aprender a ser un niño. Yo le hablé de una canción de Bunbury que me parece que da en el clavo: "de pequeño me enseñaron a querer ser mayor / de mayor quiero aprender a ser pequeño". Querer ser pequeño siempre tal vez sea una forma de encerrarse, de negar sistemáticamente el crecimiento y buscar la protección que no estamos siempre dispuestos a procurarnos. &lt;em&gt;Aprender&lt;/em&gt; a ser pequeño es casi todo lo contrario, es no perder nunca la curiosidad por las cosas, como si el mundo estuviera recién creado para nosotros. Es crecer, esto es, aprender.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Igual va a parecer que sigo tan espeso como siempre -lo cual, por otra parte, es rigurosamente cierto-. Es que yo no soy tan listo como ella. Me la puedo imaginar siendo pequeña entre delfines, pero no podría pintarlo con mi grisáceo portaminas. Cuestión de aprendizaje.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-114616692822847554?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/114616692822847554/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=114616692822847554&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/114616692822847554'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/114616692822847554'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/04/sobre-nadar-con-delfines-o-aprender.html' title='Sobre nadar con delfines (o aprender a ser pequeño)'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-113994862369329435</id><published>2006-02-14T20:42:00.000+01:00</published><updated>2006-02-16T20:46:52.000+01:00</updated><title type='text'>Sobre el amor (I)</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/200/amor.jpg" border="0" /&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Aquellos que, como yo, se hayan formado en alguna disciplina humanística y, por lo tanto, encuentren como requisito indispensable para su quehacer cotidiano un cierto trato con el pensamiento impreso en unas páginas seguramente sepan de qué les hablo cuando diga lo cansina que resulta esa advertencia repetitiva que con frecuencia se nos hace en beneficio de nuestras alfabéticas cabezas, me refiero a eso de "no todo se aprende en los libros". En efecto, es una especie de muletilla asegurar que no todo está en los libros como lo es también lo contrario: aseverar que todo está en ellos. Con la segunda máxima no suelo tener demasiados conflictos. Con la primera, sin embargo, cada día me cuesta más estar de acuerdo. Fíjense que yo hoy no voy a escribir sobre un tema, sino sobre El Tema, y no se me ocurre otra cosa más original que empezar citando un libro.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En realidad ya conocía este pasaje de &lt;em&gt;El barón rampante&lt;/em&gt;, de Italo Calvino, desde antes de leer la novela, cuando yo era estudiante de carrera y un profesor decidió lucirse -con éxito- leyéndolo en voz alta ante su entregado auditorio. Es tan delicioso que sería egoísta dejarlo amontonado en mi estantería sin reproducirlo aquí:&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;"Cogió el caballo, marchó hacia el bosque. Cosimo estaba en una encina. Ella se detuvo debajo, en un prado.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;-Estoy cansada.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;-¿De ésos?&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;-De todos vosotros.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;-¡Ah!&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;-Ellos me han dado las mayores pruebas de amor...&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Cosimo escupió.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;-...Pero no me bastan.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Cosimo clavó los ojos en ella.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Y ella:&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;-Tú no crees que el amor sea entrega absoluta, renuncia a uno mismo...&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Estaba allí en el prado, más bella que nunca, y la frialdad que endurecía apenas sus rasgos y el altivo porte de su figura habría bastado con muy poco para disolverlos y volverla a tener entre los brazos... Podría decir algo, Cosimo, cualquier cosa para ir hacia ella, podía decirle: "Dime lo que quieres que haga, estoy dispuesto...", y habría sido de nuevo la felicidad para él, la felicidad juntos, sin sombras. Pero dijo:&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;-No puede haber amor si uno no es uno mismo con todas sus fuerzas.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;Viola tuvo un gesto de contrariedad que era también un gesto de cansancio. Y sin embargo aún habría podido comprenderlo, como en realidad lo comprendía, más aún, tenía en la lengua las palabras para decirle: "Tú eres como yo te quiero..." y subir de inmediato con él... Se mordió un labio. Dijo:&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;-Pues entonces sé tú mismo solo.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;"Pero entonces ser yo mismo ya no tiene sentido", eso es lo que quería decir Cosimo. Y en cambio dijo:&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;-Si prefieres a esos dos gusanos...&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;-¡No te permito despreciar a mis amigos! -gritó ella, y no obstante pensaba: "A mí me importas sólo tú, y sólo por tí hago todo lo que hago".&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;-Sólo yo puedo ser despreciado...&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;-¡Tu modo de pensar!&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;-Soy una sola cosa con él.&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;-Entonces adiós. Parto esta misma noche. No me volverás a ver."&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;A día de hoy he leído la novela un par de veces (junto con la totalidad de la Trilogía de Nuestros Antepasados, de la que forma parte), y es una de mis favoritas. Sigue dándome vueltas en la cabeza el dilema que se plantea entre Cosimo y Viola. ¿Es el amor entrega absoluta, renuncia a uno mismo, o es ser uno mismo con todas sus fuerzas?&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;En la calle hoy, 14 de febrero, he visto numerosas personas con ramos de flores y felizmente ajenos a los dilemas de este escribiente. Ignoro de qué lado de la balanza estaban, si es que estaban de alguno. Yo en lugar de con flores he llegado a casa con la memoria de este pasaje. Tan hermoso, por cierto, que de momento y hasta nuevo aviso dejo a mis hipotéticos lectores a solas con sus hipotéticas dudas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-113994862369329435?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/113994862369329435/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=113994862369329435&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113994862369329435'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113994862369329435'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/02/sobre-el-amor-i.html' title='Sobre el amor (I)'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-113923159473111291</id><published>2006-02-06T12:54:00.000+01:00</published><updated>2006-02-06T14:41:01.080+01:00</updated><title type='text'>Sobre personas y cosas</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/Hombres%20y%20cosas.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/320/Hombres%20y%20cosas.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Tengo la creencia de que las personas se conocen mucho mejor vistas hacia fuera. Por lo general, creo que se puede saber mucho más acerca de alguien atendiendo a su relación con las cosas que por las detalladas descripciones que ese alguien pueda hacerte de su carácter, de su &lt;em&gt;psique&lt;/em&gt;. Yo prefiero la palabra carácter para mis propósitos, entendido éste simplemente como el conjunto de cualidades o circunstancias que distinguen a una persona de las demás (o que la asemejan a las demás, por qué no). El carácter es una marca. Por ejemplo, Fulano puede decirme que es un entusiasta de los goles de Ronaldo y engañarme. Cuando vea a Fulano saltando, tirando la cerveza, golpeando la mesa tras un gol de Ronaldo, entonces Fulano difícilmente me estará engañando. Un golpetazo en la mesa puede mostrar más entusiasmo que todas las palabras. Nadie tiene por qué creerme cuando escriba en este blog lo mucho que me gusta, por ejemplo, una tertulia con café incluido. Pero quienes me acompañan con cierta frecuencia en esos lances cafeteros probablemente no necesiten que les diga lo mucho que me gusta una buena conversación. Les bastará con observar mi forma de dejar enfriarse poco a poco el café para entenderlo.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por algún motivo me suelen gustar las personas que saben establecer una buena relación con las cosas. El mayor de los simplismos en este aspecto seguramente es pensar que cierto desprendimiento de todo lo material, cierto ascetismo ante el mundo para ofrecer a cambio simple y llanamente nuestra "alma desnuda" es mucho más profundo que comprar un colgante innecesario en un mercadillo. No sólo nunca lo he creído así, sino que muchas veces me pregunto si quienes de vez en cuando me tachan de materialista (hermosa palabra al fin y al cabo) e insisten en que mire en el interior de mi alma no olvidan que todo eso que pudiera encontrar en una hipotética alma no se reduce, también, a un conjunto de cosas. Por un momento voy a imaginar, ya puestos, que tengo alma. Juro que no sé qué delicadas sutilezas u horripilantes vericuetos encontraría en ella, pero con toda certeza no faltarían un buen puñado de canciones, películas, gestos, miradas, calles, páginas y un larguísimo etcétera que me llevaría a concluir este párrafo, tras una interminable enumeración, con la siguiente afirmación: "es decir, cosas".&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Hay quienes consideran un plomo a una visita que tarda en irse. Para mí un plomo es fundamentalmente alguien que trata de definirse en abstracto en todo momento. Yo mismo soy un plomo al escribir este blog, como puede deducirse. Yo mismo intento evitar serlo al utilizar el mismo simplemente para hablar de cosas. Imagínense a alguien que loa su propia generosidad. Ahora imagínense a alguien que les presta un libro. En el segundo acto va incluida la consideración del otro, a mi entender, pues no es cierto que se sea generoso sin motivo. Si alguien te presta un libro, seguramente considera que lo que es bueno, o risible, para sí mismo lo es también para algún otro que conoce. Valora, por tanto, los gustos ajenos, escoge, tantea... y todo eso lo cifra en un objeto. No sólo pienso que ese proceder no es superficial, sino que es imperceptiblemente grandioso.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Para más señas, tengo tanta jeta que aprovecho para actualizar mi blog mientras vigilo a mis alumnos, que están haciendo un examen. Una de las preguntas consiste en que me hablen de un libro, que por supuesto pueden traer consigo. El resto no difiere mucho de lo que es un examen normal, con preguntas teóricas y prácticas. Cuando levanto la cabeza por encima de la pantalla del ordenador veo las mismas caras que me han acompañado durante todo el cuatrimestre, ahora concentradas pero ya no tan tensas, tras los primeros minutos. Cuando acaben dentro de un ratito no volveré a ver muchas de estas caras, supongo. Pienso conservar estos exámenes por lo que simbolizan para mí, por todo lo que se resume en cada uno de ellos. Al mismo tiempo, y aunque ellos no conocen -ni tienen por qué- mis auténticas intenciones, yo les he pedido una lectura obligatoria, pero no para joderles la vida precisamente. Dentro de unos días olvidarán todo aquello que han memorizado para el examen de ahora, pero me gusta pensar que les quedará, por lo menos, un libro. Cuando toda esa abstracción en la que en este momento están inmersos se difumine con el paso de los días, cuando todo eso se volatilice como el humo de un cigarro, sin que se note mucho, todavía quedarán cosas, al fin y al cabo. Y eso no es ninguna tontería.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Mentiría si negase que no encuentro cierto consuelo al pensar en las cosas. Y eso porque las cosas jamás me han parecido materiales banalidades que distraen a nuestra alma de las más exquisitas esencias de la vida. Soy más bien torpón y algo rudo, razón por la cual nunca he podido dejar de verlas como el efecto más humano de todas las acciones del mundo. Nada hay nuevo entre el sol y la tierra; aparte de eso, pocas cosas hay que no surgiesen del trabajo de dos manos.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-113923159473111291?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/113923159473111291/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=113923159473111291&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113923159473111291'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113923159473111291'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/02/sobre-personas-y-cosas.html' title='Sobre personas y cosas'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-113836318155186587</id><published>2006-01-27T11:45:00.000+01:00</published><updated>2006-01-29T12:01:22.000+01:00</updated><title type='text'>Sobre el sentido del humor</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/humor.2.gif"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/400/humor.2.gif" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Últimamente cada vez que me cruzo con una casualidad la acaba pagando -literalmente- mi cartera. Así me sucedió ayer, sin ir más lejos, cuando fui a comprar ciertos libros que me hacían falta y, una vez en la librería, me dejé llevar de manera nada inocente hacia un rinconcillo en el que se amontonaban los preciosos volúmenes de la editorial Acantilado, ninguno de los cuales tenía previsto traerme a casa, ninguno de los cuales en realidad necesitaba más allá del placer, que es en el fondo la auténtica necesidad del lector. Como suelo pensar que cada persona se parece a un té, debo advertir que a mí me recomendó dicha editorial una persona que cada día me confirma más que es un té rojo, y un té rojo no suele tener mal gusto precisamente. Los volúmenes del Acantilado, digamos, te los recomendaría siempre una persona que cuida tanto su biblioteca como intento yo cuidar la mía. De los dos que compré ayer, uno de ellos era una colección de ensayos de Chesterton maravillosamente editados que me precio ya de tener en casa, aunque si he de ser sincero, no para hincarle el diente enseguida, sino para engordar la nómina de los libros posibles que a este escribiente siempre le gusta tener cerca. Como eso no cura de la impaciencia, ya en el autobús de regreso le eché un vistazo al índice y me llamó la atención un ensayo titulado "El humor". Por la noche, cómodamente en mi sofá, me lancé sobre dicho texto para ofrecerle una fiesta a mis neuronas.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Y es que parece que el tema este del humor me persigue estos últimos días. Justo la noche de antes compartía una caña con una amiga mientras hablábamos de la necesidad de tener sentido del humor para moverse por la vida sin agredir. Esta misma semana recuerdo haber visto en &lt;em&gt;El loco de la colina&lt;/em&gt;, el programa de entrevistas de Jesús Quintero, a Alejandro Jodorowsky decir que aquellos que carecen de sentido del humor no es que sean bobos, es que son peligrosos. Esta última observación me pareció espléndida. En el ensayo que ya he mencionado nos dice Chesterton que humor es "un término que no sólo se resiste a ser definido, sino que en cierto sentido se precia de ser indefinible; y en general se consideraría una falta de sentido del humor intentar definir el humor". Como sospecho que esta afirmación no es desacertada, escribo esto sabiendo que por hablar de este tema, precisamente, me arriesgo a quedar como el escribiente más pusilánime del mundo, pero aclaro que no pretendo dar con ninguna definición del sentido del humor, ni tan siquiera ponerlo en práctica más de lo habitual, sino sencillamente llevar a cabo mi pequeña apología sobre algo que considero esencial.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Me valgo de un símil futbolístico que creo que puede ilustrar perfectamente mi parecer al respecto: para mí el sentido del humor es como el regate ante la vida, algo así como la suma de todos los recursos de la inteligencia en el momento más apropiado. El jugador que sabe regatear no sólo tiene posibilidades de salir airoso, sino que evita con elegancia el envite de la fuerza bruta del contrario que trata de arrebatarle el balón. El arte del regate, por otra parte, implica incertidumbre, pues siempre puede salir mal, pero también una determinación que está más allá de los resultados. Humor es tentar a la vida incluso sin garantías de éxito. Por eso me gustó lo que dijo Jodorowsky. El jugador que no sabe regatear es como una persona sin sentido del humor, y seguramente pertenece a la categoría de los destinados a correr detrás del balón en lugar de a tenerlo. Ese jugador no valora tanto las posibilidades porque su camino es una línea recta y acomete directamente hacia su objetivo. Es el que reune más condiciones para acabar haciendo falta y, por lo tanto, el más peligroso para el contrincante, el que más lesiones puede causar. Una persona con sentido del humor se parece al buen regateador: ve varias posibilidades, piensa rápido, ejecuta la más idónea, consigue escaparse limpiamente, sin dañar, y encima le queda bien la jugada consiguiendo de paso que el juego nos guste.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Por eso creo que el sentido del humor es la capacidad para regatear a las espesuras de la vida, a sus brutas acometidas, y transformar nuestra existencia en algo hermoso. Cada vez que veo circunspectos rostros apelando a la responsabilidad, a la seriedad de sus acciones, a la transcendencia de las grandes y airosas (por llenas de aire) palabras, me imagino a un morlaco a punto de embestir o, con más frecuencia, a un mediocre futbolista al que ya se le pone la cara de los expulsados por tarjeta antes incluso de ejecutar la entrada. Cada vez que me cruzo con uno de estos individuos, por supuesto, opto por intentar el regate perfecto. No siempre se sale bien parado, pero la indecisión no sólo es taciturna, sino la manera más probable de perder el balón o, en el peor de los casos, dejarse romper algún hueso. No olviden que un gesto adusto es peligroso.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Añadamos que el sentido del humor puede derivar en la manifestación más claramente corporal, más visiblemente física, del intelecto, que no es otra que la risa. La risa nos pone en nuestro sitio porque en un visto y no visto nos aleja de la abstracción de las cosas solemnes y nos pone del lado del placer más apegado a la tierra, al cuerpo. La risa es como los cuerpos graves aristotélicos, que siempre buscan la tierra (no en vano es bella y muy plástica la expresión &lt;em&gt;tirarse al suelo de la risa&lt;/em&gt;, ¿verdad?). Como digo, es una sensación física que vive en el presente. Yo, que me río bastante, vivo desde hace tiempo con la impresión de estar perdiendo el partido. Cuando miro hacia el futuro veo que el equipo contrario, el de los marcialmente serios, nos va ganando con su apelación al orden, y que el árbitro va a pitar el final en cualquier momento. Ahora bien, si perdemos, es un poner, por 5-1, creo que la victoria del rival debe seguir siendo pírrica. ¿Que cómo se hace eso? Se me ocurre que uno puede coger el balón lo más lejos posible del área rival, dar por hecho que va a perder, y calcular el trayecto necesario para el más bello &lt;em&gt;zig-zag&lt;/em&gt; hasta la red de la portería contraria. Una vez hecho todo eso de la manera más rápida posible (recuerden que el sentido del humor también es una cuestión de rapidez) ya todo será pan comido. Disponemos de un gol para armar la de Maradona.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-113836318155186587?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/113836318155186587/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=113836318155186587&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113836318155186587'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113836318155186587'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/01/sobre-el-sentido-del-humor.html' title='Sobre el sentido del humor'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-113805682575842932</id><published>2006-01-23T22:54:00.000+01:00</published><updated>2006-01-24T00:07:55.803+01:00</updated><title type='text'>Sobre Brokeback Mountain, de Ang Lee</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/Mountain.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/320/Mountain.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Imagínense a un &lt;em&gt;cowboy&lt;/em&gt; con sombrero tejano y pantalones ajustados; es decir, imagínense a un tío con un bigotazo enorme y patillas al estilo de Don Pantuflo Zapatilla diciéndole a otro vaquero: "Todo lo que tenemos es esta montaña". ¿Verdad que la imagen puede resultar ridícula y hacer que uno se parta el bazo? Pues resulta que en &lt;em&gt;Brokeback Mountain&lt;/em&gt;, Ang Lee no sólo llega a estos extremos tan arriesgados sin rozar siquiera lo risible, sino que además en la escena en cuestión consiguió que, al menos a un servidor, se le rompiese el corazón en mil pedazos, que se emocionase hasta extremos de esos que sólo el talento puede tocar. Porque si algo derrocha este taiwanés en esta película no es precisamente el morbo encaminado a la polémica, ni la provocación facilona, sino talento. Talento de ese que deja entrever a un ser humano lleno de sabiduría, yo casi diría que a un humanista que no esconde su respetuoso buen hacer, una inteligencia amable, de esas que tanto escasean en estos tiempos.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Era fácil hacer una película provocadora en el peor sentido de la palabra, cayendo en el tono panfletario o sentimentalista, hablando con la mirada puesta solamente en el público &lt;em&gt;gay&lt;/em&gt;. Pero no. &lt;em&gt;Brokeback Mountain&lt;/em&gt; es mucho más -y lo más grande es que ni siquiera tendría por qué serlo- que una &lt;em&gt;película gay&lt;/em&gt;, etiqueta que inevitablemente le viene impuesta al público incluso antes de verla, y que irremediablemente conlleva todo tipo de opiniones, polémicas, griterío, y pataletas de lo más contundentes. Craso error, a mi entender, porque la provocación que hay en &lt;em&gt;Brokeback Mountain&lt;/em&gt; es la más elegante, y la más difícil de contrarrestar: la provocación de la sutileza. A uno tal vez hasta puede parecerle abrupta la idea de desarrollar el tema de la homosexualidad desde la inversión del icono americano por antonomasia, que no es otro que el del &lt;em&gt;cowboy&lt;/em&gt;. Desde luego es arriesgada, pero todo sucede tan sutilemente en esta película, con un ritmo tan lentamente emocionante, que uno se deja atrapar con un abandono casi erótico, y se sorprende de la gama de emociones que en poco más de dos horas experimenta en una sala de cine, desde el orgullo a la tristeza, pasando por la desolación, la pena, la rabia...&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Son cosas, todas esas, que se agradecen en estos tiempos de crecientes miradas turbias y adustos ceños, porque uno no necesita ser homosexual para apreciar la belleza física, y nada estilizada, que hay en esta película. Uno simplemente tiene que haber amado para entenderla, o querer entender lo que es amar, con todas sus turbulencias. Hay cosas en esto del amor que dependen del sexo de los amantes, y hay otras que no. Todas están en &lt;em&gt;Brokeback Mountain&lt;/em&gt;. O digo yo que deben de estar, cuando uno es tan heterosexual y nada de lo humano le es ajeno.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Por eso a mí se me ocurre que la mejor manera de verla es la más cursi de las maneras, esto es, yendo al cine con alguien a quien se ama. Porque hay determinados estremecimientos que merecen la esperanza de una mano en la oscuridad de una sala de cine. Sin duda Ang Lee sabe mucho de eso. Lo de menos, en el fondo, es que se trate de dos hombres. La cercanía de la pantalla de cine está para ver más lejos y por suerte aún queda gente capaz de ver, además, más hondo. Qué bien que algunas películas todavía puedan provocar con tanta elegancia. Qué necesarias son en estos días de imparable vulgaridad. Y qué suerte que Ang Lee nos haya dejado esta hermosa historia ya para siempre.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-113805682575842932?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/113805682575842932/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=113805682575842932&amp;isPopup=true' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113805682575842932'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113805682575842932'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/01/sobre-brokeback-mountain-de-ang-lee_23.html' title='Sobre Brokeback Mountain, de Ang Lee'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-113683506881888330</id><published>2006-01-09T19:39:00.000+01:00</published><updated>2006-01-09T20:43:39.546+01:00</updated><title type='text'>Sobre Narnia, la Tierra Media y otros territorios</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/Narnia.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/320/Narnia.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Hoy he vuelto al trabajo entre caras de bostezo (eso incluye la mía), el resfriado y la conciencia del placer vivido estos días en compañía de amigos, libros, discos, películas y lecturas a cuál más apetecible. Fui hace un par de días al cine a ver la adaptación del segundo de los libros (&lt;em&gt;El león, la bruja y el armario&lt;/em&gt;) de las &lt;em&gt;Crónicas de Narnia&lt;/em&gt;, de C.S. Lewis, pero en realidad la idea de este post ya venía de unas semanas antes, de una de esas típicas cenas navideñas que esta vez tuvo la fortuna de desembocar en una animada conversación en un café lleno de humo -yo que no soy fumador ya empiezo a sentir que esa espesura debí dusfrutarla más por lo infrecuente que parece va a ser a partir de ahora-. Una conversación sobre libros en la que alguien me dijo lo mucho que había disfrutado leyendo en su momento &lt;em&gt;El señor de los anillos&lt;/em&gt;, y lo mal libro que era, no obstante, por la plana psicología de sus personajes, por el maniqueismo de la historia y la simplificación excesiva de la fábula. Al parecer no debía escribir esto hasta ahora, tenía que pasar antes por el cine, por Narnia, para encajar lo mejor posible las piezas de este puzle. Vayamos por partes.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo primero que debo aclarar es que tengo enormes lagunas en eso que se llama -etiqueta redundante donde las haya puesto que toda literatura es producto de la fantasía- &lt;em&gt;literatura fantástica&lt;/em&gt;. Posiblemente este género se distingue de los otros, entre otras cosas, por la tendencia de sus lectores a llevarlo siempre mucho más allá de los libros, a practicarlo dentro de los códigos del juego y, por tanto, a erigirse en una suerte de logia que requiere de sus ritos, sus símbolos, y sus ceremonias iniciáticas. Mi contacto con la literatura fantástica, aclaro, no va más allá de lo que puede ir la experiencia intermitente de un mero lector, un lector tardío, además. Espero que sepan perdornarme los entendidos mi desconocimiento de su lenguaje.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y ahora sí. Debo admitir que fui a ver la película sobre &lt;em&gt;Narnia&lt;/em&gt; acompañado de toda la desconfianza del mundo. He leído algunos de los libros de Lewis -entre ellos el de la película- y sigo leyendo con placer hasta completar las siete crónicas; pero precisamente porque conocía la historia y las posibilidades que ofrece a los azucareros idéológicos de la Disney, unido al entusiasmo que había detectado en ciertos foros ultracatólicos de internet, y al aburrimiento que algún amigo que la vio antes que yo me había confesado pasar en la sala de cine, no esperaba demasiado. Ahora, tras haberla visto, creo que todos tenían razón (aunque yo no me aburrí en absoluto). &lt;em&gt;Las crónicas de Narnia. El león, la bruja y el armario&lt;/em&gt; es a todas luces un producto destinado al público infantil, que de manera más o menos velada desarrolla una temática cristiana (la salvación por el sacrificio, por ejemplo), una película en la que la dicotomía Bien/Mal queda resulta sin demasiadas complicaciones, aparentemente. En otras palabras: la película es como los libros de Lewis y, por tanto, también creo que es mucho más que todo eso que acabo de decir. A Narnia, como a la Tierra Media de Tolkien, le debo poco menos que el haberme regalado un espacio que se llena en cada lectura con el placer de las historias bien contadas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Porque eso es precisamente lo que nos suele ofrecer este tipo de literatura de manera inequívoca. Uno puede tomarlo o dejarlo, pero no me parece justo buscar en estas narraciones precisamente lo que de raíz nunca pretendieron darnos. Uno es mínimamente maduro para detectar que los buenos de Narnia sólo son posibles desde una lógica que tiene a la divinidad como referente. El sacrificio tiene sentido en ellos, la lucha es legítima, porque los malos siempre son los otros, y no hay relatividad posible. Y ese es precisamente su fuerte. Alguien dirá que es un truco demasiado fácil, y tal vez lo sea, pero a diferencia de la moralina que uno detecta en el prosaico discurso de la vida, yo veo honesto este proceder. Y lo veo honesto porque Narnia, la Tierra Media, etc, no tienen vocación de desentrañar la conciencia de nuestro mundo desde el realismo, sino que son espacios que se sitúan "al margen" del mismo. Son espacios morales, ante todo, en el que sus actores hacen siempre lo que moralmente se les supone.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tanto Narnia como &lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/Tierra%20Media.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/320/Tierra%20Media.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;la Tierra Media son como agujeros negros por los que nuestra manera moderna de concebir el espacio literario queda literamente tragada. Pensemos por ejemplo en el Macondo de García Márquez, un espacio que se construye imaginariamente desde el &lt;em&gt;no es, pero podría ser&lt;/em&gt;. Narnia y la Tierra Media son los territorios del &lt;em&gt;no es, pero debería ser&lt;/em&gt;. Al lector que busque la complicidad con su entorno moderno no pueden, tal vez, ofrecerle mucho, porque la tradición desde la que están construidos estos textos es una tradición ajena a nuestra forma de pensar: la de los textos medievales. Uno puede ignorar ese caudal si le resulta molesto, incomprensible o ideológicamente detestable. Yo encuentro su riqueza precisamente en este aspecto, en el gusto imposible por la narración "al margen", en la franqueza de las historias que no pretenden desarrollar complejas psicologías, sino simplemente personajes que actúan de acuerdo con su función. Añadamos además que C.S. Lewis posee la maravillosa prosa que ha dado, entre otras cosillas, su conmovedor &lt;em&gt;Una pena en observación&lt;/em&gt; o el más envidiable libro de divulgación, el que más amor muestra por su objeto de estudio, que es su &lt;em&gt;Imagen del mundo. Introducción a la literatura medieval y renacentista&lt;/em&gt;. Al convertirse al catolicismo por influencia de su amigo Tolkien sin duda acabó por hacer suya la energía del converso, ¡pero qué energía! A mí me recuerda que puede haber belleza en las contradicciones, pues el mundo que él muestra en su alegoría, como la Tierra Media de Tolkien (imposibles retornos ambos a un estado preindustrial de la civilización) también tiene numerosas trampas. No pocas de ellas soy capaz de verlas. Lo que le debo es su capacidad para hacerme olvidar esas trampas por momentos a través del poder irresistible de las narraciones más esenciales, más desprovistas de complejos psicologismos. Les debo su forma de diluir aquello que no comparto de la historia en aquello otro que mantiene atento a ella. Mi abuela también me decía que había que ser bueno, porque si no el Señor te castiga. Yo siempre creí que había que ser bueno por otros motivos (y hoy casi estoy convencido de que con ser regular basta), pero era maravilloso escuchar unas palabras junto al fuego.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-113683506881888330?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/113683506881888330/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=113683506881888330&amp;isPopup=true' title='28 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113683506881888330'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113683506881888330'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/01/sobre-narnia-la-tierra-media-y-otros.html' title='Sobre Narnia, la Tierra Media y otros territorios'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>28</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-113631329361076066</id><published>2006-01-03T18:41:00.000+01:00</published><updated>2006-01-03T19:55:30.716+01:00</updated><title type='text'>Sobre El Doctor Zhivago</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/Julie%20Christie.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/400/Julie%20Christie.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;p align="justify"&gt;Hace un año y unos cuantos días me quedaba sin Nochevieja, y sin gran parte de las vacaciones navideñas, por culpa de una gripe que me tuvo en la cama varios días. Aproveché para leer &lt;em&gt;El doctor Zhivago&lt;/em&gt;, de Boris Pasternak. Sólo puedo decir que ha sido una de las más gratas experiencias de mi vida como lector, experiencia que se ve doblemente compensada si tenemos en cuenta que ya conocía -y amaba- la versión cinematográfica de la novela que hizo David Lean. En ese año que media entre aquella gripe (nunca pensé que el recuerdo de unos días de gripe pudiera ser tan grato, pero lo es, gracias a la compañía de la novela) y el día de hoy he vuelto a ver en algún momento la película. El título de esta entrada bien podría ser &lt;em&gt;Sobre el doctor Zhivago, de Boris Pasternak&lt;/em&gt; o &lt;em&gt;Sobre el doctor Zhivago, de David Lean&lt;/em&gt;. Me es indiferente: es el propio personaje Zhivago el que ahora me reclama algo de atención.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Son días extraños estos. Leo en la prensa local una noticia que me acaba por parecer grotesca. Ayer, en el día de la toma, los de siempre irrumpieron en la fiesta (ciertamente es ponérselo demasiado fácil con este tipo de celebraciones) para hacer lo que todos sabemos que saben hacer. Al parecer venían de todas partes de España, y entre ellos se encontraba cierto individuo que este verano, sin proponérselo, nos dio para tanto cachondeo al irrumpir en Roquetas -pecho lobo al aire- con su pistola y su pinta de hormiga atómica por bandera. Lo cierto es que ésta es sólo la parte más chusca, más risible (sin gracia) de cierto transcententalismo histórico que en los últimos años ya va resultando cada vez más cansino, por omnipresente.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Para mí, en la palabra Zhivago se cifra la historia de un hombre que no se siente llamado a protagonizar la Historia, costumbre odiosa donde las haya. Vemos a menudo a los políticos cobijarse bajo la neciamente recurrente frase de &lt;em&gt;la Historia pondrá a cada uno en su sitio&lt;/em&gt;, forma cobarde de atribuirse los laureles del vencedor, del iluminado, sin nombrarlo; lenguaje místico de las tribunas que equivale públicamente al mucho más barriobajero &lt;em&gt;a mí por la verdad me cortan la cabeza,&lt;/em&gt; fórmula magistral del mentiroso por excelencia, cuando no del tonto, que necesita agrandar su imagen cien veces para no darse cuenta jamás de que lo único importante es estar vivo, sobrevivir. Pedir que se tome conciencia de eso, que se celebre con asombro, con alegría, con dadivosidad, quizá sea demasiado pedirle a una mente -valga la redundancia- mentecata.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Zhivago es un ana&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/pasternak.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/320/pasternak.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;cronismo que me gusta. Engendrada la novela a imagen y semejanza de esos novelones decimonónicos que tanto nos gustan, y de cuya estructura no difiere demasiado, fue escrita sin embargo en 1957, en pleno estalinismo, e inmediatamente prohibida. No me parece casual que ante una ideología totalitaria se plantase Pasternak -sutilmente- con una novela total: un elefante no se aplasta con un matamoscas. Pero eso al mismo tiempo le confiere cierta ironía, cierta ternura al acto mismo de su existencia, pues era probablemente un vano intento de vivir a través de la escritura lo que la Historia y sus vigías, negadores de todos los alrededores posibles siempre, no veían con buenos ojos. La imagino ahora como un bello acontecimiento literario que conserva, convertida ya en clásico, la altanería de un Cyrano que se apaga exhibiendo su orgullo. Sólo que quienes la hayan leído sabrán que esas páginas no se apagan, a pesar de su lenguaje idealista hasta lo cursi, a pesar de todos los anacronismos que la pueblan, a pesar de todo y de todos: &lt;em&gt;El doctor Zhivago&lt;/em&gt; merece la pena leerse, al menos, una vez en la vida.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Sabrán perdonarme quienes me lean -puesto que el amor es ciego- que quiera aplicar el mismo juicio que aplico a la novela a la película de David Lean, y quizá con más pasión, pues sumemos que este escribiente no ha visto jamás en una pantalla una belleza más hiriente, más pavorosa por intocable, que la de Julie Christie. Es famoso el deseo de Woody Allen de querer reencarnarse en las yemas de los dedos de Warren Beatty (quien entre sus amantes contó, cómo no, con la propia Julie Christie). Yo recuerdo una escena de la película en la que Rod Steiger pasa sus dedos por los labios empapados de vino de la joven Lara y me conformo, no sé si más modestamente, con querer reencarnarme en las yemas de sus dedos. Y pienso que ese deseo es mi revolución, por la belleza que encierra, por lo incomprensible que resulta, y porque sí.&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;En fin, que me enrollo demasiado. Amoríos mitomaníacos al margen, entre el compadre que me pega un tirón de orejas por blando, entre el político que se preocupa por mi moral y el iluminado que me llama al sacrificio, entre el moralismo de unos y de otros, entre todos los &lt;em&gt;no es suficiente con &lt;/em&gt;del mundo, ando buscando ese espacio necesario -llamémosle consuelo- que para mí representa Yuri Zhivago, una figua que defiende, en palabras de Mario Vargas Llosa, "su derecho a ser como es: un hombre débil, amante de la verdad, de la ciencia, de la naturaleza, de la poesía, perplejo ante la historia, desconfiado de los dogmas, incapaz de entusiasmarse por ninguna reforma social que borre al individuo concreto y lo transforme en esa abstracción, la masa, el pueblo".&lt;/p&gt;&lt;p align="justify"&gt;Un hombre que lucha, en suma, aunque algunos no lo entiendan.&lt;/p&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-113631329361076066?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/113631329361076066/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=113631329361076066&amp;isPopup=true' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113631329361076066'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113631329361076066'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2006/01/sobre-el-doctor-zhivago.html' title='Sobre El Doctor Zhivago'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-113605531294623626</id><published>2005-12-31T19:26:00.000+01:00</published><updated>2005-12-31T20:06:04.170+01:00</updated><title type='text'>Sobre la víspera del nuevo año</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;em&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/tiempo.gif"&gt;&lt;img style="FLOAT: left; MARGIN: 0px 10px 10px 0px; WIDTH: 228px; CURSOR: hand; HEIGHT: 185px" height="155" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/320/tiempo.gif" width="233" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;To me, a dollar was a dollar in any language...&lt;/em&gt; lo dice Johnny Farrell (Glenn Ford) al comienzo de &lt;em&gt;Gilda&lt;/em&gt;, y siempre me ha gustado ese arranque. De hecho, me gusta tanto que esta tarde me he enfrentado a uno de esos pequeños, tontos, evitables, y siempre presentes dilemas que tiene uno en los días en los que la normalidad es tan sólo aparente, porque hoy es el último día del año y me tenía que decidir por una película para la sobremesa. Ha sido la última -y por eso no podía ser cualquiera- que he visto en este 2005 que ya cobra la misma forma que la estela de un cometa; y le ha tocado, para bien o para mal, a la para mí sempiterna &lt;em&gt;Gilda&lt;/em&gt;. La verdad es que yo quisiera igualmente lanzar los dados al suelo, simplemente a ver qué pasa, y que un segundo -a falta de dólares- fuese un segundo en cualquier idioma, en cualquier parte, en cualquier momento.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Pero sucede que no, que la tarde cobra de pronto una extraña pereza que invita al abandono del deber, y le da por ponerse el vestido de terciopelo negro de la Hayworth (¿existió alguna vez una belleza más martirizante en Hollywood?), que mañana no tendré la calma de un despertar sereno, a la que quizá me he acostumbrado demasiado pronto, y que esta noche debo cumplir con los ritos de obligarme a una alegría que no sé si siento, pero que no pienso negar. No es un día cualquiera aunque lo pareza. Y eso me inquieta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Tiendo a pensar que las vísperas son la promesa de una vida que sigue igual, y por primera vez en mucho tiempo esa idea me disgusta sólo a medias. Es mucho lo que puede cifrarse con una fecha, y me produce algo de melancolía el saber que todo eso quedará finiquitado dentro de unas horas, justo cuando empiece a pensar -por no sé qué arte de magia- que aquello que me espera mañana ya es otra cosa, ya es nuevo, aunque sólo sea mañana.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Sin asomo de condescendencia seré de los que se entreguen a la mezcla, a la mano que se le estrecha a los otros, a la risa compartida. Da igual lo que quiera que sea un estado de ánimo hoy, porque el tiempo nos iguala. Pero si no diese igual, si el deseo del primer impulso pudiera imponerse como en casi cualquier día normal, hoy tal vez buscaría la soledad más que nunca. No por tristeza ni por fobia social, sino para cerrar los ojos en la oscuridad de una habitación y recordar todos los momentos que estoy a punto de embalar con una etiqueta en la que ponga &lt;em&gt;2005&lt;/em&gt;. Envidio al que sin tristeza -y supongo que no son muchos- pueda darse hoy a cierta gozosa melancolía, la de recordar las cosas que se han tenido, sin ruido, sin los otros, sin bullicio. Pero también con alegría, porque no todas las cosas que uno desea necesitan de la estridencia -ni la indiscreción- de un brindis. Aunque hoy yo también brindaré. Por lo perdido y lo vivido. ¿Acaso hay otra cosa? &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-113605531294623626?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/113605531294623626/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=113605531294623626&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113605531294623626'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113605531294623626'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2005/12/sobre-la-vspera-del-nuevo-ao.html' title='Sobre la víspera del nuevo año'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-113536854670675481</id><published>2005-12-23T19:40:00.000+01:00</published><updated>2005-12-23T21:09:06.743+01:00</updated><title type='text'>Sobre la Navidad de 2005 en Granada</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/navidad.0.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/400/navidad.0.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;Mientras en la calle los días se hacen densos y la ciudad adquiere la belleza cálida de un alumbrado navideño me retienen en casa, como casi siempre, los libros. Voy de un Cid medieval a otro francés, y de ahí a otro modernista tratando de sacar algo en claro mientras sólo pienso -y eso que este trabajo es grato- en abandonar y abandonarme. Abandonar los libros, los artículos, la letra impresa. Y abandonarme a las letras brillantes de los escaparates y las calles. No por casualidad creo que hoy recuerdo cierto poema de Joan Margarit que concluye diciendo que &lt;em&gt;esto será París y yo Verlaine&lt;/em&gt;, quizá para atestiguar como nunca que ni esto es una cosa ni yo soy la otra. Y que quizá hoy no habría necesidad de que lo fuésemos si simplemente tuviera algo de tiempo para pasar a formar parte de lo más inmediato: una ciudad y unos días de fiesta.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Debe ser este encierro en parte obligado en parte involuntario lo que me encabrona, supongo, porque lo cierto es que estos días, con más frecuencia que otras veces, siento unos deseos, una necesidad casi, irreprimibles de taparme los oídos. No para no escuchar el alboroto callejero que no puedo disfrutar todavía, no para ignorar los petardos o los villancicos, o el ruido de las máquinas registradoras de los grandes almacenes, sino más bien para dejar de oir una vez más la machacona excusa de que la Navidad es un invento de unos grandes almacenes, o que es una época hipócrita  en la que los buenos sentimientos no se ven corroborados luego durante el resto del año, y toda esa retahíla de moralina de bar que sin duda a nadie le es ajena en estos días.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Bien es cierto -y lo sé por experiencia propia como por experiencia sé también que puede ser preciosa- que esta fiesta puede ser triste, pero de ahí a ser hipócrita va un mundo. Lo digo más que nada porque se me ocurren pocas cosas más mezquinas, más absurdas, que mezclar la bondad o la maldad del ser humano con una fiesta. La Navidad, como todas las fiestas, tiene que ver con el paso del tiempo. Y como todas tiene su ornato, su manifestación externa. De modo que póngase quien quiera un gorrito de Papá Noel y celébrelo como le venga en gana, que este escribiente al menos no ha de mezclar la culpa con las merinas.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y es que hay algo noble en eso de tomar conciencia de que un año se acaba y estamos aquí para contarlo. Algo que merece, en mi humilde opinión, toda la exuberancia que uno pueda permitirse. Frótense las manos los comerciantes, si quieren, que tengo el defectillo de considerar el hecho de regalarle a las personas que quiero cualquier cosilla un acto de lo más civilizado. Frótense las manos también quienes nunca están dispuestos al placer. Tienen motivos para darme un tirón de orejas.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-113536854670675481?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/113536854670675481/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=113536854670675481&amp;isPopup=true' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113536854670675481'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113536854670675481'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2005/12/sobre-la-navidad-de-2005-en-granada.html' title='Sobre la Navidad de 2005 en Granada'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-18355431.post-113498714500100070</id><published>2005-12-19T10:35:00.000+01:00</published><updated>2005-12-19T11:18:38.026+01:00</updated><title type='text'>Sobre Rafael Álvarez, El Brujo</title><content type='html'>&lt;div align="justify"&gt;&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/1600/brujo.0.jpg"&gt;&lt;img style="FLOAT: right; MARGIN: 0px 0px 10px 10px; CURSOR: hand" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/3647/1783/320/brujo.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt; Lleva uno tiempo viendo películas que lo resguardan del frío del invierno en una sala pequeña, películas que transmiten la calidez de un bar pequeño de la América Profunda (o así la llaman), que casi nunca acaba por resultar cálido. Y sí, pienso por ejemplo en &lt;em&gt;Una historia de violencia&lt;/em&gt;, de David Cronenberg. Albolote ayer, en un domingo por la tarde prenavideño, tenía algo de eso. Una cafetería llena de miradas que ni eran enemigas ni acababan de ser amables. Obviamente, &lt;em&gt;no éramos de allí&lt;/em&gt;, españolísima y rural expresión con la que estoy más familiarizado de lo que quisiera. Al menos nuestra presencia parecía divertirle a un tipo que estaba sentado solo en una mesa, con los ojos medio cerrados, y sin duda alguna, por su aspecto, debía de ser el presidente del club de fans de El Arrebato, o algo así. Las luces de las calles, que tanto me gustan, eran ya como el prólogo a lo que se iba a ver en el teatro: descansa un poco, chico, se va a apagar la luz y tienes un par de horas para la ensoñación, y cuando salgas estas luces seguirán encendidas, el sueño continuará durante los próximos días.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y he aquí que algo después El Brujo ya lleva un rato contándote cuentos como sólo saben hacerlo los maestros, y que no necesita tener las manos en los bolsillos mientras habla, ni caer en los topicazos acerca de la manida "crisis de los treinta" para hacernos reir con un monólogo, porque la belleza que él practica es vieja. Y honda. Nos recuerda que Don Quijote está hecho a imagen y semenjanza de Amadís de Gaula, y éste de Lancelot, y éste de Orlando, y así continuamente. Si eso es así -dice El Brujo- &lt;em&gt;yo soy Don Quijote&lt;/em&gt;. Nos recuerda que esto es teatro, y que por tanto necesita una espada, pero no una espada metafórica, sino de las de verdad, de las que cortan; y coge un pergamino enrollado en el suelo y acomete contra unas pieles de vino invisibles, pero que sangran porque lo dice él. Y ya tiene una espada, de las de verdad. Y uno lo mira con la boca abierta, tras haberse reído lo suyo antes, para emocionarse con la valentía escénica de este hombre, que no es de las valentías metafóricas, sino de las de verdad.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Porque hay a quien no le gusta el teatro y esgrime -con toda la razón- que no se lo cree. Pero ver al Brujo es ver otra cosa. El Brujo hace malabares con las palabras, materia prima y casi única del espectáculo. A veces da la impresión de que sólo le falta coger cuatro o cinco y empezar a jugar con ellas con las manos como si fueran naranjas, o pelotas de tenis. Y casi puedes verlas, las escenifica, las vende como si fueran verdad. Gran negociante debe ser este, por tanto, que hace que uno se vaya con la impresión de haber salido ganando con el trato, pues cinco lerus a cambio de tan buen rato se antojan demasiado pocos. Él, sin embargo, supongo que no sólo se mete en el bolsillo ese dinero, sino también al público.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Lo ví algo menos contenido que otras veces, quizá cansado por una larga serie de actuaciones y viajes, pero espléndido como sólo él sabe serlo. Ironiza sobre &lt;em&gt;El Quijote&lt;/em&gt; y sobre el Centenario, sobre la pesadez que puede conllevar el acto mismo de leer una obra tan densa. Pero se nota que lo ama tanto, que conoce tan bien esos textos del ignominiosamente llamado Siglo de Oro español, que ha acabado por parecerse a ellos porque la natura es tal &lt;em&gt;que en ella cada cosa engendra su semejante&lt;/em&gt;. A mí me resulta fácil imaginarme ese bellísimo rostro en un grabado ilustrando un manual escolar de literatura española. Aquí tenéis a Rafael Álvarez, conocido como El Brujo, autor del &lt;em&gt;Lazarillo de Tormes&lt;/em&gt;.&lt;/div&gt;&lt;div align="justify"&gt;Y es que al salir del teatro había quien decía que &lt;em&gt;realmente es un Brujo&lt;/em&gt;. Yo venero ese mundo que sucede en interiores. Yo dejo que mi memoria exagere y recuerde los días en los que mi abuela me contaba historias por estas mismas fechas al calor de una lumbre. Y sí, es un brujo, pues casi consiguió que saliese del teatro con el olor del humo en la ropa. Pero no un humo metafórico, sino de los de verdad.&lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/18355431-113498714500100070?l=unhombrediceno.blogspot.com'/&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/feeds/113498714500100070/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='https://www.blogger.com/comment.g?blogID=18355431&amp;postID=113498714500100070&amp;isPopup=true' title='5 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113498714500100070'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/18355431/posts/default/113498714500100070'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://unhombrediceno.blogspot.com/2005/12/sobre-rafael-lvarez-el-brujo.html' title='Sobre Rafael Álvarez, El Brujo'/><author><name>Montaigne granadino</name><uri>http://www.blogger.com/profile/00139012449319344170</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:extendedProperty xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' name='OpenSocialUserId' value='08639336692943090231'/></author><thr:total xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'>5</thr:total></entry></feed>